Petróleo en Venezuela. Impacto del proyecto de Chávez
Luis E. Giusti L.*
Foreign Affairs en Español, Julio-Septiembre 2007**
“Aunque los altos precios petroleros de los cinco años pasados han dado a Venezuela inmensos ingresos por exportaciones, la situación fiscal no es holgada, mientras el gasto sigue en aumento. El resultado ha sido un gran aumento de la deuda pública y varios retiros de las reservas internacionales del Banco Central”
LA HUELLA DE MÉXICO
En 1901, cuando en Estados Unidos se produjo el histórico descubrimiento de Spindletop, y en México gobernaba el dictador Porfirio Díaz, se iniciaron en forma organizada actividades de exploración en busca de petróleo en el subsuelo azteca. La campaña exploratoria rindió sus frutos en 1910, con el descubrimiento del fabuloso "Potrero del Llano 4", pozo que produjo al increíble ritmo de 110000 barriles diarios. Durante la Primera Guerra Mundial, México se constituyó en abastecedor crucial de petróleo para Estados Unidos, y ya para 1920 cubría 20% de las necesidades de su vecino del norte, al tiempo que se convertía en el segundo productor en el mundo. Sin embargo, para entonces ya habían pasado varios años del triunfo de la Revolución mexicana, la cual creó un clima de permanente inestabilidad, que alimentaba un creciente antagonismo contra los inversionistas extranjeros, en particular las compañías petroleras. La lucha se planteaba en torno a la validez y estabilidad de los acuerdos firmados y, mucho más importante, en torno a la soberanía y la propiedad del recurso natural. Este último punto tuvo importancia decisiva entre los postulados de la Revolución, ya que se acusaba a Porfirio Díaz de haber alterado la herencia de las Ordenanzas de la Minería de la Nueva España (1854-1856), violando los derechos de propiedad nacional del subsuelo. Al final de esa larga batalla, la nueva Constitución mexicana de 1917 restauraba los derechos de propiedad de la Nación sobre el subsuelo. Con ello, México rescataba su petróleo, pero los resentimientos que quedaron flotando en el ambiente, sumados al temor de las compañías a invertir en ese territorio cargado de incertidumbre, hicieron que la actividad petrolera perdiera impulso. Posteriormente, la situación comenzó a tomar ribetes políticos, enrareciéndose las relaciones entre México y Estados Unidos, y llegándose al borde de la guerra.
En medio de aquel escenario, las empresas petroleras redujeron cuantiosamente sus inversiones y operaciones, lo cual condujo a una drástica caída de la producción y México dejó de ser una potencia petrolera. Ese drástico cambio en la situación política mexicana fue lo que desvió la atención hacia Venezuela, que se ubicó en el tope de la lista de lugares prioritarios para explorar petróleo.
EL PETRÓLEO EN VENEZUELA
En 1914 se descubrió por primera vez petróleo en Venezuela, pero al país no se le atribuían grandes posibilidades. El contraste entre el antagónico México y el amistoso y estable clima político en Venezuela bajo la férrea dictadura de Juan Vicente Gómez fue lo que volcó los esfuerzos petroleros hacia la segunda. Las campañas exploratorias dieron rápidos frutos, y en 1922 se produjo el reventón del pozo "Los Barrosos 2" en el campo Cabimas, el cual, después de 10 días lanzando una gigantesca columna de petróleo a la atmósfera, se tapó con sus propias arenas. Ese episodio atrajo las miradas del mundo entero y marcó el inicio de la era petrolera contemporánea en Venezuela. A partir de ese momento se inició una intensa actividad de exploración y explotación. Para 1929 Venezuela ya era el segundo productor mundial, sólo superado por Estados Unidos; el petróleo representaba casi 80% de los ingresos totales del Estado venezolano. En menos de una década, Venezuela se había convertido en una potencia petrolera.
Sin embargo, el proceso mexicano había marcado las relaciones de las empresas petroleras con los países productores. La desconfianza mutua dominaba en gran medida el espíritu de aquellos tiempos, y aunque las empresas trabajaban armoniosamente y sin tropiezos en territorio venezolano, esa desconfianza hizo que toda su gestión estuviera marcada por un tinte de transitoriedad. Muestra de ello fue que cuando se necesitaron refinerías para procesar los crudos venezolanos, la Lago construyó una en Aruba y Shell otra en Curazao.
PETRÓLEO Y MODERNIZACIÓN
A partir de 1922 el petróleo se convirtió en la gran fuente de las arcas de todos los gobiernos del siglo XX. Por medio del gasto oficial el país fue transitando de una sociedad modesta, con una economía basada en actividades rudimentarias, plagada por enfermedades epidémicas y con la educación como privilegio de pequeños grupos, a un país moderno, urbanizado, cruzado por vías de comunicación, con una población saludable y educada y con una fuerte clase media como piedra angular del futuro desarrollo. Sin embargo, la modernización se apoyó en un modelo centralizado, administrado por una larga sucesión de gobiernos paternalistas. Resulta fácil entender que así fueran las cosas en aquellos tiempos, ya que sólo un gobierno con abundante dinero podía dar a Venezuela el impulso necesario para desprenderse del primitivismo y cambiar su dimensión socioeconómica.
El modelo económico proteccionista de sustitución de importaciones, que a partir de los años sesenta pasó a dominar la escena, consolidó con mayor fuerza el esquema del petro-Estado todopoderoso, dependiente de la renta petrolera y marcado por una relación biunívoca entre "petróleo caro-bonanza" y "petróleo barato-pobreza".
En paralelo, la industria petrolera continuaba creciendo y aumentando su producción. En 1976, como parte de una tendencia que prevaleció en los países exportadores de petróleo, Venezuela nacionalizó su industria de hidrocarburos (o mejor dicho, la estatizó), y fundó su petrolera estatal, Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). Tal vez los países productores, entre ellos Venezuela, podrían haber continuado sin cambiar el esquema que hasta entonces prevalecía, manteniendo a las petroleras internacionales produciendo en sus territorios y batallando con los precarios márgenes permitidos, mientras los gobiernos cobraban cuantiosas sumas por regalías e impuestos. Pero había muchas presiones y el país era prisionero de su propia historia. Habían transcurrido muchos años de explotación y pobreza. Un punto más importante aún: hubiera sido imposible tener un sistema estable en el largo plazo, basado en un vínculo puramente fiscal entre el país y el petróleo, con el gobierno limitándose a cobrar renta mientras el país en general permanecía ignorante en esa materia. La nacionalización fue un paso necesario.
PETRÓLEOS DE VENEZUELA S.A.
En agosto de 1975 fue fundada PDVSA, con miras a convertirse en la casa matriz de la nueva industria petrolera nacionalizada a partir del 1 de enero de 1976. La corporación se estructuró por medio de una ley especial en la que, con gran visión, los legisladores de entonces redactaron disposiciones que la habrían de proteger de las flaquezas y fallas seculares de las empresas estatales. Entre ellas figuraba el mandato de operar como unidad de negocios, evitando la participación directa en programas de índole social. Otras disposiciones de importancia crucial garantizaron condiciones a los trabajadores que aseguraran su continuidad en la empresa.
Hasta 1999, todos los gobiernos nacionales brindaron gran apoyo a PDVSA y respetaron las leyes que la regían. Ello permitió que la empresa se consolidara, mantuviera su autonomía operacional y financiera y condujera sus planes con visión de largo plazo.
INTERNACIONALIZACION
Durante los años setenta los países petroleros disfrutaban de los elevados precios petroleros resultantes de los acontecimientos políticos en Medio Oriente. El embargo petrolero condujo a una interrupción de suministro petrolero de Medio Oriente en 1973, y a una cuadruplicación de los precios del petróleo. Esto tuvo duras consecuencias inmediatas para los refinadores, quienes no sólo vieron desplomarse su rentabilidad, sino también perdieron la garantía del suministro. Venezuela vislumbró entonces la excelente oportunidad de adquirir posiciones internacionales y así consolidar cadenas integradas de producción-procesamiento-mercadeo. Así se inició la política de internacionalización, mediante la cual PDVSA aprovechó la depresión del negocio de refinación para adquirir la propiedad total o parcial de refinerías y sistemas de distribución en el exterior. La primera asociación fue con Veba Oel en Alemania, luego vinieron varias adquisiciones en Estados Unidos, que dieron origen a la actual estructura de Citgo, y posteriormente se fueron sumando otras con Amerada-Hess, Chevron y Phillips, entre otras. Esta política dio a PDVSA una nueva dimensión, la de una empresa multinacional a la manera de las grandes petroleras del mundo.
LA APERTURA PETROLERA
La ley de nacionalización de la industria petrolera venezolana, promulgada en agosto de 1975, preveía la asociación de PDVSA con entes privados (artículo 5º), bajo dos posibles figuras: convenios operativos y asociaciones. Los convenios operativos se venían utilizando desde los primeros tiempos de vigencia de la ley, para cumplir una multitud de actividades rutinarias. Las asociaciones estratégicas, por su parte, nunca se habían utilizado. Para su implantación debían cumplirse tres condiciones: que fueran por tiempo determinado, que el Estado venezolano asegurara su control y que fueran aprobadas por el Congreso de la República en sesión bicameral.
A principios de la década de 1990, ante la conveniencia de planificar una expansión petrolera destinada a aprovechar las crecientes oportunidades que deparaba el futuro, se planteó el uso del artículo 5º como instrumento para complementar las actividades de PDVSA. El bloque fundamental de la expansión sería acometido por la corporación nacional, reservándose para sí los proyectos más atractivos, tanto por su elevada rentabilidad como por ser menos exigentes en cuanto a necesidades de inversión. Para la apertura se seleccionaron tres segmentos de actividad: asociaciones estratégicas para proyectos integrados en la Faja del Orinoco, convenios de exploración y producción en áreas de alto riesgo, y convenios operativos en campos marginales. En otras palabras, los proyectos más complejos, de mayores inversiones, de menor atractivo y rentabilidad, y los programas de alto riesgo exploratorio. En los nuevos proyectos, además de trasladar el riesgo a las empresas internacionales, Venezuela se beneficiaría de sus capacidades de operación, tecnologías y financiamiento.
De la implantación de la apertura petrolera se derivaron cuatro asociaciones estratégicas en la Faja del Orinoco, 33 convenios operativos y ocho convenios de exploración y producción bajo ganancias compartidas.
ASOCIACIONES EN LA FAJA DEL ORINOCO
Conviene mencionar que los crudos de la Faja como tales no tienen acceso al mercado petrolero, excepto en pequeñas cantidades para algunos usos especializados. Es imposible concebir el desarrollo en gran escala de la Faja, pretendiendo que la producción pueda acceder a los mercados tal cual sale de los pozos. Ese crudo ni siquiera tiene cabida en refinerías internacionales que cuentan con unidades de conversión profunda en sus trenes secundarios. Por ello, aunque la existencia de la Faja se conocía desde los años cuarenta, nadie mostraba interés en ella, simplemente porque no era rentable y ni siquiera técnicamente viable. En consecuencia, cuando se planteó la apertura, se determinó que los proyectos debían ser integrados, es decir que debían incluir una planta de mejoramiento. Fue así como a la larga nacieron el parque industrial y la Terminal de Jose, hacia donde fluyen los crudos de la Faja para ser procesados en las plantas de mejoramiento allí construidas, y luego ser embarcados hacia los mercados internacionales. Pero, ¿en qué condiciones económicas se hicieron realidad esos proyectos? En primer lugar debe decirse que, entendiendo las particularidades antes descritas, entre 1990-1991 el Congreso de la República había aprobado una reforma del impuesto sobre la renta para proyectos integrados de crudo extrapesado y de gas natural, fijándoles la tasa industrial de 30% (actualmente 34%), en lugar de la tasa de 67.7% que a la sazón prevalecía para proyectos convencionales de hidrocarburos. Un proyecto integrado típico de la Faja requiere una inversión que puede variar entre 3000 y 5000 millones de dólares, al menos 1500 millones deben invertirse antes de aspirar a tener ingreso alguno, y el proyecto debe enfrentar varios años de flujo negativo de caja. La tasa de impuesto industrial fue crucial para la factibilidad de esos desarrollos, pero en las condiciones de entonces no fue suficiente. Por esa razón se utilizó la provisión legal vigente para la época que facultaba discrecionalmente al Ejecutivo Nacional a reducir la regalía de su nivel básico de 16.67 hasta 1%, cuando así conviniere a los intereses nacionales. Con los precios petroleros de ese tiempo, la reducción de regalías era necesaria para asegurar una tasa interna de retorno del orden de 10%. Los convenios de regalía eran transitorios y la tasa subiría a su nivel máximo una vez recuperada la inversión inicial. Hoy en día los desarrollos en la Faja acumulan una inversión superior a 20000 millones de dólares, producen 600000 barriles diarios y conforman un emporio industrial que, además de los campos de producción y los sistemas de oleoductos, incluye las unidades de mejoramiento del crudo y las terminales de embarque en Jose, frente al Mar Caribe.
CONVENIOS OPERATIVOS
Los campos para los convenios fueron seleccionados porque no tenían ninguna inversión prevista, sino que se mantendrían en declive hasta su límite económico. A fin de hacer rentables los proyectos fue necesaria la misma provisión de reducción de regalía antes descrita para el caso de la Faja. Pero en estos casos los convenios de regalía se hicieron con PDVSA y no con el operador privado, ya que la corporación nacional mantuvo la propiedad del petróleo producido. El operador se limitaba a recuperar sus costos operativos, recuperar en 20 años sus costos de capital y tener una ganancia razonable. Por diseño, los barriles de los convenios son más costosos que los de PDVSA, ya que la empresa nacional retuvo las mejores áreas y el petróleo de los convenios es el marginal en un ambiente de expansión. Las áreas sometidas a convenios operativos producen actualmente 500000 barriles diarios, cifra que representa un incremento de 400000 barriles diarios. Vale la pena señalar que en las licitaciones correspondientes se recaudaron para Venezuela más de 2.2 millones de dólares en bonos.
CONVENIOS DE EXPLORACIÓN Y PRODUCCIÓN CON GANANCIAS COMPARTIDAS
Estos convenios de asociación fueron utilizados para abordar proyectos de exploración de alto riesgo. Las 10 áreas para tales proyectos fueron seleccionadas de aquella parte de la cartera de exploración, que por su mayor riesgo geológico y su menor prioridad sólo sería considerada en un horizonte de 15 años o más. El esquema se basó en la exigencia de un programa mínimo para ser cumplido por la empresa finalmente seleccionada. Ese programa fue determinado por PDVSA como aquel que una vez concluido precisara en forma definitiva las posibilidades del área en cuestión. Al despejar el riesgo, el Estado venezolano ya no tendría que gastar en esas áreas. Las empresas seleccionadas asumirían enteramente el riesgo exploratorio y, de no encontrar hidrocarburos, se retirarían sin compensación. En caso de un descubrimiento con potencial comercial (la comercialidad sería determinada por PDVSA), se diseñaría un plan de desarrollo convenido entre los dos socios. El proyecto pagaría regalía, impuesto sobre la renta y un porcentaje adicional denominado "Participación del Estado en las Ganancias". De las 10 áreas ofrecidas, ocho recibieron ofertas y fueron asignadas. El resultado final garantizaba a Venezuela una participación en los beneficios de un eventual descubrimiento, variando entre 85 y 93% en las diferentes áreas. Cabe señalar que, además, se recibieron bonos por 240 millones de dólares. Actualmente se ha cumplido una buena parte de la exploración convenida, y se han dado dos descubrimientos de importancia.
CHÁVEZ Y EL PETRÓLEO
Desde el comienzo de su campaña electoral en 1998, Chávez atacó duramente a la industria petrolera nacional, en particular a los procesos de internacionalización y apertura. Sus promesas electorales incluyeron la reversión de la apertura mediante la anulación de todos los contratos correspondientes y la venta de todos los activos de PDVSA en el exterior. También hizo suyos dos viejos dichos de los políticos de la izquierda venezolana, al anunciar que acabaría con las condiciones de "caja negra" y "Estado dentro del Estado" que supuestamente caracterizaban a PDVSA. Finalmente, manifestó su leal adhesión al sistema de cuotas de la OPEP, alegando que Venezuela se había alejado de su hermandad con los productores de Medio Oriente.
LAS NUEVAS REALIDADES PETROLERAS EN VENEZUELA
Una vez en funciones, Chávez mantuvo el discurso contencioso utilizado durante su campaña electoral, pero las realidades circundantes fueron moderando sus acciones en el ámbito petrolero. A manera de ejemplo se pueden citar sus palabras en el primer año de gobierno, durante la puesta en marcha de Petrozuata, el primero de los proyectos integrados de la Faja del Orinoco. Dijo: "Proyectos como éste nos hacen sentir orgullosos de ser venezolanos", pasando por alto de manera conveniente que esa ceremonia coronaba la visión y los esfuerzos de cinco años de la administración anterior, a la cual tanto había criticado.
Sin embargo, dentro de PDVSA se comenzó a sentir la intervención sectaria del mandatario recién llegado. Al tradicional puñado de designaciones directivas de otras administraciones, se sumaron despidos de grupos importantes de la gerencia y se comenzaron a sentir presiones y amenazas políticas en los niveles gerenciales y técnicos. Sin entrar en detalles del proceso subsiguiente, PDVSA despidió a 18 000 trabajadores, se fue convirtiendo en un apéndice político del gobierno nacional y cayó rápidamente en las malas prácticas que han caracterizado secularmente a las empresas estatales de los países en desarrollo. Actualmente, la llamada "nueva PDVSA" no es más una empresa grande y con abundantes reservas, pero mediocre e ineficiente. Vale la pena señalar que la nómina actual contiene mucha más gente que la que tenía en 1999.
A pesar de haber criticado ácidamente los planes de expansión de PDVSA heredados de la administración anterior, desde hace seis años el actual gobierno ha anunciado repetidamente planes de expansión similares, los cuales se posponen por un año cada año. Se plantea un aumento sostenido de la producción para alcanzar 5.5 millones de barriles diarios en los próximos seis años, apoyado en inversiones de 60000 millones de dólares, de los cuales 25000 millones provendrían del sector privado. También se ha venido anunciando y posponiendo la construcción de cuatro refinerías en territorio venezolano, más varias en otros países, y la construcción de múltiples gasoductos, además del inmensamente rezagado proyecto de exportación de gas natural licuado.
Existe una gran brecha entre lo que se pregona y lo que se hace. Tal vez el indicador más importante es la capacidad de producción petrolera, la cual era de 3.5 millones de barriles diarios en febrero 1999, cuando asumió el poder el actual gobierno, mientras que hoy en día es de 2.5 millones de barriles diarios. Pero la disminución de 1.0 millones de barriles diarios no expresa por sí sola la magnitud del colapso, pues las empresas privadas producen 1.0 millones de barriles diarios. Eso quiere decir que PDVSA produce 1.5 millones, o sea que su capacidad ha mermado en 2.0 millones de barriles diarios. Finalmente, conviene mencionar que esta información es bien conocida en el ámbito petrolero internacional, aunque las autoridades venezolanas pregonan que el país produce 3.3 millones de barriles diarios.
Aunque los altos precios petroleros de los cinco años pasados han dado a Venezuela inmensos ingresos por exportaciones, la situación fiscal no es holgada, mientras el gasto sigue en aumento. El resultado ha sido un gran aumento de la deuda pública y varios retiros de las reservas internacionales del Banco Central. Una cuantiosa parte de los gastos fiscales corresponde a una multitud de programas sociales agrupados en buena medida dentro de las llamadas "misiones", y al abundante financiamiento brindado a docenas de países en América Latina y el Caribe, ya sea directamente o mediante entregas de petróleo, todo lo cual genera inmensas presiones económicas al gobierno nacional. Esa situación ha encontrado una conveniente confluencia con el discurso político-populista, para adelantar una campaña de presiones a las petroleras privadas que operan en el país, destinada a cambiar los términos de los contratos vigentes. Aunque el pretexto público fue el de rescatar la "soberanía vulnerada", la "migración" forzada de los convenios operativos a asociaciones con PDVSA permitió a la empresa nacional limpiar las considerables deudas acumuladas por retrasos en los pagos, lograr que las socias paguen por gastos e inversiones y, en definitiva, reducir las presiones financieras sobre PDVSA. El nuevo contrato establece el compromiso de cubrir mensualmente las necesidades financieras en las proporciones de participación. En ese sentido, se sabe oficiosamente que durante el tiempo transcurrido, que ya pasa de un año, PDVSA no ha pagado por sus compromisos y la deuda suma varios miles de millones de dólares.
En los proyectos de la Faja del Orinoco, la regalía se aumentó hace algunos meses hasta 16.67%, poniendo fin a los convenios firmados durante la implantación de la apertura. Conviene destacar que los elevados precios petroleros aumentaron los ingresos de los proyectos mucho más rápido de lo que se anticipaba. En consecuencia, ese cambio era direccionalmente consistente con los contratos, aunque no así el carácter unilateral y contencioso con el que se abordó. En meses recientes, en la misma tónica de los convenios operativos se han anunciado cambios en los términos de las asociaciones estratégicas de la Faja del Orinoco. El gobierno nacional eligió el 1 de mayo para "el rescate de la soberanía nacional" en la Faja. El cambio de fondo sería un aumento de la participación de PDVSA en los cuatro proyectos para llevarlo a 60%, reduciendo así la participación de los socios. Eso implicaría que PDVSA tendría que pagar a los socios el incremento de su participación accionaria, que podría estar en el orden de 4000 a 6000 millones de dólares. Esas cifras se sumarían a las obligaciones atrasadas en los ex convenios operativos.
También se ha anunciado que PDVSA tomará control de todas las operaciones de los mencionados proyectos, las cuales además de los campos, oleoductos y terminales, incluyen las complejas plantas de mejoramiento. PDVSA apenas puede operar sus propias áreas, así es que mal podría hacerse cargo de los proyectos integrados de la Faja. Eso hace presumir que los socios continuarán a cargo de las operaciones, al igual que lo ocurrido con los convenios operativos, a pesar del ruido efectista que difunden las fuentes oficiales.
En cuanto a proyectos nuevos la lista es muy corta. La asignación de un par de áreas en la Plataforma Deltana, la asignación de un pequeño campo de gas, Yucal-Placer, la reciente asignación de varios bloques para exploración en la parte occidental del Golfo de Venezuela, y la asignación (a dedo) de varias áreas para evaluación técnica en la Faja, éstas últimas de dudosa justificación técnica.
LA AGENDA PETROLERA INTERNACIONAL
En el plano internacional la brecha entre los anuncios y las realidades es más evidente, comenzando por la relación petrolera con Estados Unidos. Desde los primeros tiempos de su gobierno, Chávez ha venido anunciando que suspenderá los suministros petroleros a Estados Unidos. A menudo, los anuncios van acompañados de la amenaza de desviarlos hacia China. Después de ocho años, el volumen tradicional de 1.3-1.4 millones de barriles diarios sigue fluyendo ininterrumpidamente hacia el norte. La explicación es sencilla: el gobierno estadounidense no es propietario de refinerías, terminales ni oleoductos y sólo en contadas ocasiones compra petróleo. El volumen de petróleo exportado por Venezuela a Estados Unidos es el resultado de docenas de contratos con clientes, vigentes durante muchos años, además de los volúmenes enviados a Citgo. Cabe destacar que ese mercado no sólo es el más atractivo, sino que la mayoría de los crudos venezolanos son ácidos y pesados y tienen allí sus nichos refinadores. Sin un plan coordinado de largo plazo, resultaría imposible desviar el petróleo venezolano hacia China, pues la primitiva y obsoleta red de refinación de ese país no podría recibirlo. Cuando Chávez ataca a Colombia y Perú por sus sendos tratados de comercio con Estados Unidos, pasa por alto de manera muy conveniente que Venezuela tiene el tratado comercial más grande de la región con Estados Unidos, con la excepción de México. El año pasado se exportó petróleo a Estados Unidos por 38000 millones de dólares, los cuales se sumaron a los 10000 millones de importaciones desde Estados Unidos.
En cuanto a otras latitudes, se han firmado docenas de cartas de intención con muchos países, entre ellos China, Rusia, Argentina, Brasil e Irán, pero hasta ahora todo permanece en el tintero.
Tal vez el anuncio que mejor expresa la estrategia efectista-política del gobierno venezolano en materia petrolera sea el del gasoducto del sur. Se trataría de una tubería de más de 10000 kilómetros para transportar gas natural de Venezuela a Argentina, cruzando Brasil. Un proyecto "para la integración de los pueblos suramericanos". Pero, en realidad, se trata de un proyecto muy costoso sin justificación económica posible, para transportar un gas que no existe a mercados que tampoco existen. Venezuela no dispone de las reservas de gas libre requeridas (unos 52 billones de pies cúbicos) y los sistemas de distribución en el sur son ineficientes y regulados.
Los únicos proyectos internacionales que se han adelantado con éxito son los convenios destinados a vender petróleo a precio reducido y con condiciones de financiamiento blando a países de la región. La excepción es el proyecto del gasoducto que transportará gas de la Guajira Colombiana hacia el occidente de Venezuela, cuya construcción se encuentra ya muy avanzada.
*Luis E. Giusti es graduado en Ingeniería en Petróleo por la Universidad del Zulia (1966), con maestría en Ingeniería Petrolera por la Tulsa University, en Oklahoma (1971). A la fecha se desempeña como asesor senior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS); es miembro de la Junta de Gobernadores del Centro de Estudios Globales de la Energía en Londres (CGES), miembro de la Junta Asesora del Grupo Riverstone-Carlyle y del Grupo Financiero Stanford. Es ex presidente de PDVSA y ex director de Royal Dutch Shell.
**Artículo de De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2007
sábado, setembro 08, 2007
quinta-feira, agosto 30, 2007
243) Adam Smith desembarca em Brasília
Adam Smith desembarca em Brasília
Rolf Kuntz*
O Estado de São Paulo, Quinta-feira, 30 agosto de 2007
Sujeitinho vivo era aquele escocês, o tal Adam Smith. Ele notou, há mais de 200 anos, que os ganhos de produtividade acumulados durante séculos eram explicáveis, na maior parte, pela divisão do trabalho. Ele achou essa idéia tão importante que resolveu apresentá-la no primeiro capítulo de um grande livro a respeito da riqueza das nações. Essa idéia não era exatamente uma novidade. Um amigo mais velho de Smith, chamado David Hume, havia descrito num ensaio econômico o crescimento de uma economia a partir da diferenciação entre atividades agrícolas e não agrícolas. Seu parceiro aprofundou a análise. Essa noção foi incorporada pelo senso comum há muito tempo, mas tem sido rejeitada por integrantes do governo brasileiro. Parece, agora, estar ficando popular pelo menos no Palácio do Planalto. A Presidência divulgou, ontem, dados sobre a melhora das condições de vida dos brasileiros. A desigualdade e a miséria têm diminuído. Tomando-se como referência o salário mínimo, as parcelas de brasileiros pobres e extremamente pobres passaram, entre 1990 e 2005, de 52% para 38% e de 28% para 16%, respectivamente. Ainda há fome e desnutrição, segundo o documento, mas esse desafio resulta, sobretudo, 'do baixo poder aquisitivo de milhões de brasileiros'. Os primeiros dados eram mais ou menos conhecidos e já haviam sido examinados tanto pelo IBGE quanto pelo Ipea. A grande novidade, em termos políticos, é a aceitação, no Palácio do Planalto, da idéia de que a fome, no Brasil, é um problema de falta de dinheiro. Trocando em miúdos: há comida suficiente para quem pode comprá-la, seja qual for sua ocupação. Quem tem uma atividade razoavelmente rentável, seja como assalariado ou como trabalhador por conta própria, é capaz de encher seu prato e os de seus dependentes. Quando assumiu o governo pela primeira vez, há pouco mais de cinco anos, o presidente Luiz Inácio Lula da Silva ainda parecia acreditar em duas lendas da esquerda: a produção de alimentos era insuficiente para a exportação e para o abastecimento do mercado interno e muitos brasileiros comiam menos que o necessário porque não tinham terra para plantar. Ele parecia não haver notado, em sua breve experiência como operário, que trabalhadores da indústria conseguiam comer sem plantar, desde que recebessem um salário tolerável, e que milhões de brasileiros podiam ter carros e geladeiras mesmo sem ser donos de fábricas de automóveis e de eletrodomésticos. Se tivesse considerado o assunto com um pouco mais atenção aos fatos e menos aos incompetentes que o cercavam, poderia ter percebido outro dado notável: quanto mais a agropecuária se mostrava capaz de exportar, mais baratos se tornavam, a longo prazo, os produtos vendidos no mercado interno. O mesmo ocorria com os bens industriais. Foi assim que o frango, um alimento de luxo quando era produzido artesanalmente, se tornou uma fonte barata de proteína. Mas isso ocorreu também com alimentos não exportados. As crises de abastecimento de feijão deixaram de ocorrer quando se combinaram dois fatores muito importantes, a mudança tecnológica e o fim dos controles de preços. Na turma do presidente Lula havia economistas que durante décadas se haviam dedicado ao estudo da famigerada 'questão agrária'. Cuidaram tanto desse tema que deixaram de notar o que ocorria na agropecuária brasileira - ou, mais amplamente, no agronegócio. No caso desses acadêmicos, a especialização foi contraproducente, porque resultou mais de antolhos ideológicos do que de um genuíno esforço de investigação. Os principais ganhos de eficiência foram obtidos pelos produtores que se modernizaram e passaram a trabalhar levando em conta o mercado - como fornecedores de indústrias ou como competidores diretos no comércio de produtos básicos. Essa foi a experiência tanto da agropecuária empresarial quanto das unidades familiares mais permeáveis à modernização. A distinção relevante, nesse caso, não é entre a propriedade patronal e a familiar. Comida barata, boa e vendida em condições de competitividade foi o que fez diminuir o peso da alimentação no orçamento familiar dos brasileiros. O resto é um besteirol que o governo deveria esquecer. Seu problema é criar oportunidades de empregos produtivos, tomando o cuidado de não atrapalhar a modernização do setor rural. O governo do presidente Lula ainda tem muita gente fascinada pela agricultura de pés descalços, enxada enferrujada e galinha ciscando no terreiro.
*Rolf Kuntz é jornalista
Rolf Kuntz*
O Estado de São Paulo, Quinta-feira, 30 agosto de 2007
Sujeitinho vivo era aquele escocês, o tal Adam Smith. Ele notou, há mais de 200 anos, que os ganhos de produtividade acumulados durante séculos eram explicáveis, na maior parte, pela divisão do trabalho. Ele achou essa idéia tão importante que resolveu apresentá-la no primeiro capítulo de um grande livro a respeito da riqueza das nações. Essa idéia não era exatamente uma novidade. Um amigo mais velho de Smith, chamado David Hume, havia descrito num ensaio econômico o crescimento de uma economia a partir da diferenciação entre atividades agrícolas e não agrícolas. Seu parceiro aprofundou a análise. Essa noção foi incorporada pelo senso comum há muito tempo, mas tem sido rejeitada por integrantes do governo brasileiro. Parece, agora, estar ficando popular pelo menos no Palácio do Planalto. A Presidência divulgou, ontem, dados sobre a melhora das condições de vida dos brasileiros. A desigualdade e a miséria têm diminuído. Tomando-se como referência o salário mínimo, as parcelas de brasileiros pobres e extremamente pobres passaram, entre 1990 e 2005, de 52% para 38% e de 28% para 16%, respectivamente. Ainda há fome e desnutrição, segundo o documento, mas esse desafio resulta, sobretudo, 'do baixo poder aquisitivo de milhões de brasileiros'. Os primeiros dados eram mais ou menos conhecidos e já haviam sido examinados tanto pelo IBGE quanto pelo Ipea. A grande novidade, em termos políticos, é a aceitação, no Palácio do Planalto, da idéia de que a fome, no Brasil, é um problema de falta de dinheiro. Trocando em miúdos: há comida suficiente para quem pode comprá-la, seja qual for sua ocupação. Quem tem uma atividade razoavelmente rentável, seja como assalariado ou como trabalhador por conta própria, é capaz de encher seu prato e os de seus dependentes. Quando assumiu o governo pela primeira vez, há pouco mais de cinco anos, o presidente Luiz Inácio Lula da Silva ainda parecia acreditar em duas lendas da esquerda: a produção de alimentos era insuficiente para a exportação e para o abastecimento do mercado interno e muitos brasileiros comiam menos que o necessário porque não tinham terra para plantar. Ele parecia não haver notado, em sua breve experiência como operário, que trabalhadores da indústria conseguiam comer sem plantar, desde que recebessem um salário tolerável, e que milhões de brasileiros podiam ter carros e geladeiras mesmo sem ser donos de fábricas de automóveis e de eletrodomésticos. Se tivesse considerado o assunto com um pouco mais atenção aos fatos e menos aos incompetentes que o cercavam, poderia ter percebido outro dado notável: quanto mais a agropecuária se mostrava capaz de exportar, mais baratos se tornavam, a longo prazo, os produtos vendidos no mercado interno. O mesmo ocorria com os bens industriais. Foi assim que o frango, um alimento de luxo quando era produzido artesanalmente, se tornou uma fonte barata de proteína. Mas isso ocorreu também com alimentos não exportados. As crises de abastecimento de feijão deixaram de ocorrer quando se combinaram dois fatores muito importantes, a mudança tecnológica e o fim dos controles de preços. Na turma do presidente Lula havia economistas que durante décadas se haviam dedicado ao estudo da famigerada 'questão agrária'. Cuidaram tanto desse tema que deixaram de notar o que ocorria na agropecuária brasileira - ou, mais amplamente, no agronegócio. No caso desses acadêmicos, a especialização foi contraproducente, porque resultou mais de antolhos ideológicos do que de um genuíno esforço de investigação. Os principais ganhos de eficiência foram obtidos pelos produtores que se modernizaram e passaram a trabalhar levando em conta o mercado - como fornecedores de indústrias ou como competidores diretos no comércio de produtos básicos. Essa foi a experiência tanto da agropecuária empresarial quanto das unidades familiares mais permeáveis à modernização. A distinção relevante, nesse caso, não é entre a propriedade patronal e a familiar. Comida barata, boa e vendida em condições de competitividade foi o que fez diminuir o peso da alimentação no orçamento familiar dos brasileiros. O resto é um besteirol que o governo deveria esquecer. Seu problema é criar oportunidades de empregos produtivos, tomando o cuidado de não atrapalhar a modernização do setor rural. O governo do presidente Lula ainda tem muita gente fascinada pela agricultura de pés descalços, enxada enferrujada e galinha ciscando no terreiro.
*Rolf Kuntz é jornalista
quarta-feira, agosto 29, 2007
242) France aligns itself, according to Wall Street...
Do ponto de vista do mais conservador dos jornais americanos, tudo está bem, por enquanto...
REVIEW & OUTLOOK
Sarko Steps Up: The French President's Un-Chirac foreign policy
The Wall Street Journal, Wednesday, August 29, 2007
Nicolas Sarkozy made headlines this week by telling his diplomatic corps that "an Iran with nuclear weapons is for me unacceptable." But the French President did more in his speech than name the gravest current threat to global security, itself a feat of clear thinking. He also signaled that France means to be something more on the international scene than an anti-American nuisance player.
That's worth applauding at a time when the conventional wisdom says the next U.S. President will have to burnish America's supposedly tarnished reputation by making various policy amends. In Germany, under the conservative leadership of Angela Merkel, foreign policy views have been moving closer to the Bush Administration's, not further away, while new British Prime Minister Gordon Brown has made clear he will not depart significantly from the pro-American course set by Tony Blair.
But it is Mr. Sarkozy who, true to his reputation, has been the boldest in stepping up to his global responsibilities. On Afghanistan, he told the assembled diplomats, "the duty of the Atlantic Alliance as well as that of France," is to "increase efforts." He then announced he would be sending additional trainers to assist the Afghan Army. On Israel, he said he "would never budge" on its security. He warned about Russia, which "imposes its return on the world scene by playing its assets with a certain brutality," and he cautioned against China, which pursues "its insatiable search for raw materials as a strategy of control, particularly in Africa."
It's hard to imagine Jacques Chirac, Mr. Sarkozy's predecessor, speaking this way. (Mr. Sarkozy has also reportedly described French diplomats as "cowards" and proposed "[getting] rid of the Quai d'Orsay." Imagine the media uproar if President Bush mused about doing the same to Foggy Bottom?) No less a departure from past practices at the Élysée Palace is his stance on Iran. In January, Mr. Chirac had mused that an Iranian bomb would "not be very dangerous." Mr. Sarkozy, by contrast, has previously insisted on the need to "leave all options open" when dealing with Iran's nuclear programs.
In his speech this week to the diplomats, Mr. Sarkozy warned of the need for tough diplomacy, including "growing sanctions," to avoid the "catastrophic alternative: the Iranian bomb or the bombing of Iran." That doesn't sound far from Senator John McCain's useful formulation that "There's only one thing worse than the United States exercising the military option; that is a nuclear-armed Iran." The important point is that Mr. Sarkozy has put on record that he won't let Iran develop a bomb under cover of feckless Western diplomacy.
One test of his resolve will be how much France assists the Bush Administration as it seeks to round up votes in the U.N. Security Council for a third round of sanctions on Iran next month. The Administration has had a hard time moving the diplomacy beyond symbolism in part because of the economic ties that other permanent members of the Council, including France, have with the Islamic Republic. The French say they've already pulled out some of their investments in the country, and in recent months France, Germany and other European countries have in fact cut back their export credits to Iran.
Mr. Sarkozy could now demonstrate real seriousness by forcing French energy giant Total from its $2 billion investment in the huge South Pars natural gas project. A corruption probe into the decade-old project could give him the leverage to do so, as could rising pressure in the U.S. Congress to start enforcing sanctions against companies that do business with rogue regimes.
Whatever Mr. Sarkozy does, however, he has plainly set a new tone for French foreign policy. That's not to say we agree with him on every point: He reiterated France's opposition to the war in Iraq and called for a "horizon" for the withdrawal of U.S. troops. Yet even that puts him well to the right of every U.S. Democratic Presidential candidate. And he warned against the "risks of an antagonistic multipolar world," the very world Mr. Chirac seemed to strive for by opposing the U.S. at every turn.
In a speech last year in New York, Mr. Sarkozy noted that "I've always favored modest effectiveness over sterile grandiloquence. And I don't want to see an arrogant France with a diminished presence." With his remarks Monday, Mr. Sarkozy has given the best evidence to date that his presidency will attempt to enhance French influence not by opposing the U.S. but by working with it.
REVIEW & OUTLOOK
Sarko Steps Up: The French President's Un-Chirac foreign policy
The Wall Street Journal, Wednesday, August 29, 2007
Nicolas Sarkozy made headlines this week by telling his diplomatic corps that "an Iran with nuclear weapons is for me unacceptable." But the French President did more in his speech than name the gravest current threat to global security, itself a feat of clear thinking. He also signaled that France means to be something more on the international scene than an anti-American nuisance player.
That's worth applauding at a time when the conventional wisdom says the next U.S. President will have to burnish America's supposedly tarnished reputation by making various policy amends. In Germany, under the conservative leadership of Angela Merkel, foreign policy views have been moving closer to the Bush Administration's, not further away, while new British Prime Minister Gordon Brown has made clear he will not depart significantly from the pro-American course set by Tony Blair.
But it is Mr. Sarkozy who, true to his reputation, has been the boldest in stepping up to his global responsibilities. On Afghanistan, he told the assembled diplomats, "the duty of the Atlantic Alliance as well as that of France," is to "increase efforts." He then announced he would be sending additional trainers to assist the Afghan Army. On Israel, he said he "would never budge" on its security. He warned about Russia, which "imposes its return on the world scene by playing its assets with a certain brutality," and he cautioned against China, which pursues "its insatiable search for raw materials as a strategy of control, particularly in Africa."
It's hard to imagine Jacques Chirac, Mr. Sarkozy's predecessor, speaking this way. (Mr. Sarkozy has also reportedly described French diplomats as "cowards" and proposed "[getting] rid of the Quai d'Orsay." Imagine the media uproar if President Bush mused about doing the same to Foggy Bottom?) No less a departure from past practices at the Élysée Palace is his stance on Iran. In January, Mr. Chirac had mused that an Iranian bomb would "not be very dangerous." Mr. Sarkozy, by contrast, has previously insisted on the need to "leave all options open" when dealing with Iran's nuclear programs.
In his speech this week to the diplomats, Mr. Sarkozy warned of the need for tough diplomacy, including "growing sanctions," to avoid the "catastrophic alternative: the Iranian bomb or the bombing of Iran." That doesn't sound far from Senator John McCain's useful formulation that "There's only one thing worse than the United States exercising the military option; that is a nuclear-armed Iran." The important point is that Mr. Sarkozy has put on record that he won't let Iran develop a bomb under cover of feckless Western diplomacy.
One test of his resolve will be how much France assists the Bush Administration as it seeks to round up votes in the U.N. Security Council for a third round of sanctions on Iran next month. The Administration has had a hard time moving the diplomacy beyond symbolism in part because of the economic ties that other permanent members of the Council, including France, have with the Islamic Republic. The French say they've already pulled out some of their investments in the country, and in recent months France, Germany and other European countries have in fact cut back their export credits to Iran.
Mr. Sarkozy could now demonstrate real seriousness by forcing French energy giant Total from its $2 billion investment in the huge South Pars natural gas project. A corruption probe into the decade-old project could give him the leverage to do so, as could rising pressure in the U.S. Congress to start enforcing sanctions against companies that do business with rogue regimes.
Whatever Mr. Sarkozy does, however, he has plainly set a new tone for French foreign policy. That's not to say we agree with him on every point: He reiterated France's opposition to the war in Iraq and called for a "horizon" for the withdrawal of U.S. troops. Yet even that puts him well to the right of every U.S. Democratic Presidential candidate. And he warned against the "risks of an antagonistic multipolar world," the very world Mr. Chirac seemed to strive for by opposing the U.S. at every turn.
In a speech last year in New York, Mr. Sarkozy noted that "I've always favored modest effectiveness over sterile grandiloquence. And I don't want to see an arrogant France with a diminished presence." With his remarks Monday, Mr. Sarkozy has given the best evidence to date that his presidency will attempt to enhance French influence not by opposing the U.S. but by working with it.
terça-feira, agosto 28, 2007
241) A politica externa da China, em 1985 (e ainda válida...)
Grandes países possuem estratégias claras, uma visão do mundo estável e segura e trilham um caminho traçado de acordo com objetivos definidos, o mais possível constantes, de acordo com os seus interesses nacionais.
O discurso abaixo, do então presidente chinês, é de 1985, mas acredito que, à excepção de pequenas referência conjunturais, ele permanece inteiramente válido ainda hoje.
A conferir:
Discurso del Primer Ministro Zhao Ziyang de la República Popular China en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales en Buenos Aires, el 6 nov. 1985
Es para mí un gran honor y placer tener la oportunidad de reunirme aquí con ustedes y recibir el título y diploma de Miembro Honorario otorgados por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Quisiera hacer propicia la ocasión para darles una sucinta exposición de "la construcción y la reforma y la política exterior de China.
Siendo un país socialista en vías de desarrollo, China está explorando el camino de desarrollo que se adapte a sus propias condiciones. En un país como China que cuenta con una numerosa población y una base económica débil, el florecimiento de la economía no puede realizarse de la noche a la mañana, más bien requiere una ardua lucha de varias generaciones. Planeamos hacerlo en dos etapas. En la primera, tratamos de cuadruplicar, a fines del presente siglo, el producto nacional bruto de 1980, de modo que se logre una vida modestamente acomodada para nuestro pueblo. A juzgar por la práctica de los últimos años, es muy promisoria la realización de esta primera meta. En la segunda etapa, continuar avanzando sobre la base de la primera para aproximarnos al nivel económico de los países desarrollados en otros 50 años.
A fin de hacer realidad nuestra meta de desarrollo ya establecida y teniendo en consideración las experiencias tanto positivas como negativas acumuladas en la construcción de la nueva China en más de 30 años, hemos tomado la decisión de llevar a cabo una reforma integral de la estructura económica y aplicar la política de agilización de la economía en el interior y de apertura al exterior. Esta reforma comenzó en las zonas rurales, donde vive el 80 % de la población del país, y ha cosechado notables éxitos. En la actualidad el centro de gravedad de la reforma se ha trasladado a las zonas urbanas. La reforma tiene como objetivo desarrollar las fuerzas productivas sociales, elevar el nivel de vida del pueblo y construir un socialismo con peculiaridades chinas. Hemos adoptado una serie de políticas y medidas encaminadas a agilizar la economía, tales como poner en juego la iniciativa creadora de las empresas, productores y comercializadores, explotar las potencialidades existentes, elevar la rentabilidad económica y aumentar la riqueza social. Al propio tiempo, seguimos firmemente la política de apertura al exterior para establecer con diversos países del mundo relaciones económicas y comerciales basadas en la igualdad, beneficio recíproco e intercambio de lo mutuamente necesario, introducir capital y técnicas extranjeras y fomentar el intercambio económico y técnico con el propósito de promover la obra de modernización de nuestro país.
En los seis años consecutivos desde la puesta en práctica de la reforma y la política de agilización de la economía en el plano interno y de apertura al exterior, el producto nacional bruto de nuestro país ha crecido a un ritmo anual promedio de 8,2 % y el volumen global del comercio exterior, a un ritmo anual promedio de 22,5 %. Se han mejorado considerablemente las condiciones de vida de los habitantes de las zonas rurales y urbanas. Nuestra economía ha entrado en una órbita de desarrollo sostenido, estable y armonioso. Los hechos han comprobado que las políticas de reforma, agilización y apertura son acertadas y benefician a la prosperidad del Estado y al bienestar del pueblo, por eso se han granjeado la adhesión del pueblo de todas las nacionalidades del país y la amplia comprensión y simpatía en lo internacional. Seguiremos firmemente la orientación ya definida, de eso no habrá cambio alguno.
La obra de modernización de China requiere un ambiente internacional de paz duradera. El principio básico de nuestra política exterior reside en luchar contra el hegemonismo y defender la paz mundial.
China aplica la política exterior independiente. No nos alineamos con ninguna potencia o bloque de potencias ni establecemos con ellos relaciones estratégicas. No sucumbimos ante presión foránea alguna. En los asuntos internacionales, hacemos independientemente nuestras evaluaciones y determinamos nuestra propia posición sobre cada caso dado según si es justo o injusto, está en pro o en contra de la paz mundial y beneficia o no al desarrollo de la economía mundial y a la amistad entre los pueblo de todos los países. Consideramos que adoptar dicho principio favorece a la paz mundial y corresponde a los intereses fundamentales de China y de los pueblos de los diversos países.
China siempre se pronuncia por el desarme y en contra de toda clase de carreras armamentistas, sea convencional o la nuclear, sea en la tierra o en el espacio cósmico. No solamente expresamos dicho postulado en diversos foros, sino también lo ponemos en acciones. En los últimos años, nuestro país ya redujo, en varias ocasiones, el número de efectivos de sus fuerzas armadas y este año ha decidido reducir un millón más de efectivos de su ejército. Abogamos enérgicamente por la completa prohibición y destrucción de las armas nucleares. Hemos declarado reiteradamente que China persigue fines totalmente defensivos al poseer una reducida cantidad de armas nucleares y efectuar limitados ensayos nucleares. No seremos los primeros en usar armas nucleares bajo ninguna circunstancia, no las usaremos ni amenazaremos con usarlas contra ningún país no nuclear o zona desnuclearizada. Aplaudimos que los Estados Unidos y la Unión Soviética hayan reanudado sus negociaciones sobre el control de armamentos y deseamos que esas dos potencias, que tienen responsabilidades principales en el desarme nuclear tomen la delantera en reducir sustancialmente sus armamentos nucleares, creando de esta manera las condiciones necesarias para el desarme nuclear en general de todos los países poseedores de armas nucleares.
En la actualidad, existe todavía el peligro de una guerra mundial, mas, están creciendo las fuerzas contenedoras de guerra. Siempre que los países y pueblos amantes de la paz del mundo entero se unan y hagan esfuerzos mancomunados, será posible mantener la paz mundial. Consideramos que los países del tercer mundo, incluidos China y los países latinoamericanos, donde viven los tres cuartos de la población mundial, conforman la fuerza principal para la preservación de la paz mundial. Cuanto crecen nuestras fuerzas tanto aumenta la esperanza de la paz mundial. Apreciamos los esfuerzos hechos por el Gobierno y pueblo argentinos por el alivio de la tensión internacional y por la defensa de la paz mundial. Consideramos que la Declaración de Delhi publicada en enero pasado por el Presidente de su país y los Jefes de Estado de otros cinco países constituye una acción positiva a favor de la paz.
China se preocupa por la situación centroamericana. Apoyamos firmemente al Grupo de Contadora y el Grupo de Lima compuesto por la Argentina y otros países así como los demás países latinoamericanos en sus esfuerzos por una solución pacífica de la crisis centroamericana. Esperamos que las diversas partes involucradas puedan responder con acciones concretas a las gestiones de paz del Grupo de Contadora a fin de atenuar la tensión centroamericana y resolver por vía pacífica sus conflictos.
China procura establecer y desarrollar relaciones con todos los países sobre la base de cinco principios: de respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial, no agresión, no intervención de un país en los asuntos internos de otro, igualdad y beneficio recíproco y coexistencia pacífica. Sostenemos que los mencionados son principios fundamentales que deben ser observados por todos los países en las relaciones internacionales. Si están de acuerdo con dichos principios, los países con sistemas sociales e ideologías diferentes pueden convivir amigablemente; si actúan en contra de dichos principios, los países con sistemas sociales iguales también pueden tener relaciones tensas e incluso conflictos. Nos pronunciamos por la igualdad de todos los países, sean grandes o pequeños, y en contra del atropello de los grandes y poderosos a los pequeños y débiles. No procuraremos jamás la hegemonía y nos opondremos resueltamente a toda clase de hegemonismo. Estamos siempre a favor de la solución de los litigios internacionales por la vía de negociaciones pacíficas y en contra del uso de la fuerza o la amenaza de fuerza.
China respalda la posición del Gobierno argentino de resolver pacíficamente los litigios fronterizos con los países vecinos y exteriorizamos nuestro aprecio a la Argentina y Chile por la situación pacífica del diferendo sobre el canal de Beagle. El Gobierno chino apoya consecuentemente a la Argentina en sus reclamos por los derechos soberanos sobre las islas Malvinas y esperamos que la Argentina e Inglaterra puedan obtener, a la luz de las resoluciones concernientes de las Naciones Unidas y mediante negociaciones pacíficas, una pronta solución justa y razonable al respecto.
China es miembro del tercer mundo. Tomamos como un punto fundamental de sustentación de nuestra política exterior el fortalecimiento de la unidad y cooperación con los países del tercer mundo. Creemos que, los países en desarrollo, que abarcan la abrumadora mayoría de la población mundial, han de desarrollarse, lo cual constituye una irresistible corriente histórica. Es una aspiración común de los pueblos de todos los países la salvaguardia de la paz mundial, la intensificación de la cooperación internacional y la promoción de la prosperidad común. El Presidente Alfonsín ha dicho: “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Hoy, un número creciente de personas ha tomado la conciencia de que, la prosperidad de la economía mundial es inseparable del desarrollo de los países del tercer mundo. Lamentablemente, el injusto y obsoleto orden económico internacional sigue obstaculizando el desarrollo de los países tercermundista. La gran mayoría de los países en desarrollo encaran aún una serie de problemas apremiantes, tales como la deuda, el deterioro de los términos del intercambio comercial y la hambruna. La brecha entre los países pobres y los ricos se ensancha cada día más en lugar de reducirse. Expresamos nuestra profunda simpatía a los países deudores de América Latina y apreciamos y respaldamos los razonables planteamientos presentados por la Argentina y otros 10 principales países deudores latinoamericanos en sus conferencias. Deseamos que los países acreedores, tomando en consideración la situación económica mundial en su conjunto y con una visión de largo alcance, consulten con los países deudores en busca de métodos positivos para resolver razonablemente el problema en un espíritu de promover el pago de la deuda mediante el desarrollo.
Estamos dispuestos a seguir esforzándonos, junto con los demás países en desarrollo, por impulsar el mejoramiento de las relaciones Norte-Sur. Miramos con buenos ojos y apoyamos decididamente a los países del tercer mundo en su posición de marchar por el camino del autofortalecimiento colectivo y reforzar la cooperación Sur-Sur. En la lucha por la reforma del injusto y obsoleto orden económico internacional, estaremos siempre al lado del tercer mundo
La política de apertura al exterior de China se orienta no solamente hacia los países desarrollados sino también hacia los que se encuentran en vías de desarrollo. Ampliar activamente la cooperación económica, comercial, científica, técnica y de otros terrenos con los países latinoamericanos forma parte importante de la cooperación Sur-Sur. Entre China y la América Latina no existe conflicto de intereses fundamentales, sino una amplia coincidencia de intereses. Tuvimos a lo largo de la historia los mismos padecimientos y encaramos ahora las mismas tareas de desarrollar la economía, por eso nuestra cooperación cuenta con sólidas bases.
Mi presente visita a 4 países sudamericanos tiene por objetivo promover el mayor desarrollo de las relaciones de amistad y cooperación entre China y América Latina y, como nuestro particular deseo, una mayor expansión de nuestros vínculos en los campos económico y comercial.
En los últimos 13 años transcurridos después del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y la Argentina, las relaciones de amistad y cooperación entre ambos países han cobrado un alentador progreso, mas, tanto ustedes como nosotros no nos contentamos con los éxitos ya obtenidos, y por eso estamos haciendo esfuerzos por explorar nuevos medios y abrir más vías de cooperación. Tenemos plena confianza en el futuro de nuestra cooperación bilateral. Nos asiste la convicción de que, mediante nuestros esfuerzos conjuntos, se presentarán perspectivas aún más halagüeñas para las relaciones de amistad y cooperación entre China y la Argentina y entre China y los países latinoamericanos.
O discurso abaixo, do então presidente chinês, é de 1985, mas acredito que, à excepção de pequenas referência conjunturais, ele permanece inteiramente válido ainda hoje.
A conferir:
Discurso del Primer Ministro Zhao Ziyang de la República Popular China en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales en Buenos Aires, el 6 nov. 1985
Es para mí un gran honor y placer tener la oportunidad de reunirme aquí con ustedes y recibir el título y diploma de Miembro Honorario otorgados por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Quisiera hacer propicia la ocasión para darles una sucinta exposición de "la construcción y la reforma y la política exterior de China.
Siendo un país socialista en vías de desarrollo, China está explorando el camino de desarrollo que se adapte a sus propias condiciones. En un país como China que cuenta con una numerosa población y una base económica débil, el florecimiento de la economía no puede realizarse de la noche a la mañana, más bien requiere una ardua lucha de varias generaciones. Planeamos hacerlo en dos etapas. En la primera, tratamos de cuadruplicar, a fines del presente siglo, el producto nacional bruto de 1980, de modo que se logre una vida modestamente acomodada para nuestro pueblo. A juzgar por la práctica de los últimos años, es muy promisoria la realización de esta primera meta. En la segunda etapa, continuar avanzando sobre la base de la primera para aproximarnos al nivel económico de los países desarrollados en otros 50 años.
A fin de hacer realidad nuestra meta de desarrollo ya establecida y teniendo en consideración las experiencias tanto positivas como negativas acumuladas en la construcción de la nueva China en más de 30 años, hemos tomado la decisión de llevar a cabo una reforma integral de la estructura económica y aplicar la política de agilización de la economía en el interior y de apertura al exterior. Esta reforma comenzó en las zonas rurales, donde vive el 80 % de la población del país, y ha cosechado notables éxitos. En la actualidad el centro de gravedad de la reforma se ha trasladado a las zonas urbanas. La reforma tiene como objetivo desarrollar las fuerzas productivas sociales, elevar el nivel de vida del pueblo y construir un socialismo con peculiaridades chinas. Hemos adoptado una serie de políticas y medidas encaminadas a agilizar la economía, tales como poner en juego la iniciativa creadora de las empresas, productores y comercializadores, explotar las potencialidades existentes, elevar la rentabilidad económica y aumentar la riqueza social. Al propio tiempo, seguimos firmemente la política de apertura al exterior para establecer con diversos países del mundo relaciones económicas y comerciales basadas en la igualdad, beneficio recíproco e intercambio de lo mutuamente necesario, introducir capital y técnicas extranjeras y fomentar el intercambio económico y técnico con el propósito de promover la obra de modernización de nuestro país.
En los seis años consecutivos desde la puesta en práctica de la reforma y la política de agilización de la economía en el plano interno y de apertura al exterior, el producto nacional bruto de nuestro país ha crecido a un ritmo anual promedio de 8,2 % y el volumen global del comercio exterior, a un ritmo anual promedio de 22,5 %. Se han mejorado considerablemente las condiciones de vida de los habitantes de las zonas rurales y urbanas. Nuestra economía ha entrado en una órbita de desarrollo sostenido, estable y armonioso. Los hechos han comprobado que las políticas de reforma, agilización y apertura son acertadas y benefician a la prosperidad del Estado y al bienestar del pueblo, por eso se han granjeado la adhesión del pueblo de todas las nacionalidades del país y la amplia comprensión y simpatía en lo internacional. Seguiremos firmemente la orientación ya definida, de eso no habrá cambio alguno.
La obra de modernización de China requiere un ambiente internacional de paz duradera. El principio básico de nuestra política exterior reside en luchar contra el hegemonismo y defender la paz mundial.
China aplica la política exterior independiente. No nos alineamos con ninguna potencia o bloque de potencias ni establecemos con ellos relaciones estratégicas. No sucumbimos ante presión foránea alguna. En los asuntos internacionales, hacemos independientemente nuestras evaluaciones y determinamos nuestra propia posición sobre cada caso dado según si es justo o injusto, está en pro o en contra de la paz mundial y beneficia o no al desarrollo de la economía mundial y a la amistad entre los pueblo de todos los países. Consideramos que adoptar dicho principio favorece a la paz mundial y corresponde a los intereses fundamentales de China y de los pueblos de los diversos países.
China siempre se pronuncia por el desarme y en contra de toda clase de carreras armamentistas, sea convencional o la nuclear, sea en la tierra o en el espacio cósmico. No solamente expresamos dicho postulado en diversos foros, sino también lo ponemos en acciones. En los últimos años, nuestro país ya redujo, en varias ocasiones, el número de efectivos de sus fuerzas armadas y este año ha decidido reducir un millón más de efectivos de su ejército. Abogamos enérgicamente por la completa prohibición y destrucción de las armas nucleares. Hemos declarado reiteradamente que China persigue fines totalmente defensivos al poseer una reducida cantidad de armas nucleares y efectuar limitados ensayos nucleares. No seremos los primeros en usar armas nucleares bajo ninguna circunstancia, no las usaremos ni amenazaremos con usarlas contra ningún país no nuclear o zona desnuclearizada. Aplaudimos que los Estados Unidos y la Unión Soviética hayan reanudado sus negociaciones sobre el control de armamentos y deseamos que esas dos potencias, que tienen responsabilidades principales en el desarme nuclear tomen la delantera en reducir sustancialmente sus armamentos nucleares, creando de esta manera las condiciones necesarias para el desarme nuclear en general de todos los países poseedores de armas nucleares.
En la actualidad, existe todavía el peligro de una guerra mundial, mas, están creciendo las fuerzas contenedoras de guerra. Siempre que los países y pueblos amantes de la paz del mundo entero se unan y hagan esfuerzos mancomunados, será posible mantener la paz mundial. Consideramos que los países del tercer mundo, incluidos China y los países latinoamericanos, donde viven los tres cuartos de la población mundial, conforman la fuerza principal para la preservación de la paz mundial. Cuanto crecen nuestras fuerzas tanto aumenta la esperanza de la paz mundial. Apreciamos los esfuerzos hechos por el Gobierno y pueblo argentinos por el alivio de la tensión internacional y por la defensa de la paz mundial. Consideramos que la Declaración de Delhi publicada en enero pasado por el Presidente de su país y los Jefes de Estado de otros cinco países constituye una acción positiva a favor de la paz.
China se preocupa por la situación centroamericana. Apoyamos firmemente al Grupo de Contadora y el Grupo de Lima compuesto por la Argentina y otros países así como los demás países latinoamericanos en sus esfuerzos por una solución pacífica de la crisis centroamericana. Esperamos que las diversas partes involucradas puedan responder con acciones concretas a las gestiones de paz del Grupo de Contadora a fin de atenuar la tensión centroamericana y resolver por vía pacífica sus conflictos.
China procura establecer y desarrollar relaciones con todos los países sobre la base de cinco principios: de respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial, no agresión, no intervención de un país en los asuntos internos de otro, igualdad y beneficio recíproco y coexistencia pacífica. Sostenemos que los mencionados son principios fundamentales que deben ser observados por todos los países en las relaciones internacionales. Si están de acuerdo con dichos principios, los países con sistemas sociales e ideologías diferentes pueden convivir amigablemente; si actúan en contra de dichos principios, los países con sistemas sociales iguales también pueden tener relaciones tensas e incluso conflictos. Nos pronunciamos por la igualdad de todos los países, sean grandes o pequeños, y en contra del atropello de los grandes y poderosos a los pequeños y débiles. No procuraremos jamás la hegemonía y nos opondremos resueltamente a toda clase de hegemonismo. Estamos siempre a favor de la solución de los litigios internacionales por la vía de negociaciones pacíficas y en contra del uso de la fuerza o la amenaza de fuerza.
China respalda la posición del Gobierno argentino de resolver pacíficamente los litigios fronterizos con los países vecinos y exteriorizamos nuestro aprecio a la Argentina y Chile por la situación pacífica del diferendo sobre el canal de Beagle. El Gobierno chino apoya consecuentemente a la Argentina en sus reclamos por los derechos soberanos sobre las islas Malvinas y esperamos que la Argentina e Inglaterra puedan obtener, a la luz de las resoluciones concernientes de las Naciones Unidas y mediante negociaciones pacíficas, una pronta solución justa y razonable al respecto.
China es miembro del tercer mundo. Tomamos como un punto fundamental de sustentación de nuestra política exterior el fortalecimiento de la unidad y cooperación con los países del tercer mundo. Creemos que, los países en desarrollo, que abarcan la abrumadora mayoría de la población mundial, han de desarrollarse, lo cual constituye una irresistible corriente histórica. Es una aspiración común de los pueblos de todos los países la salvaguardia de la paz mundial, la intensificación de la cooperación internacional y la promoción de la prosperidad común. El Presidente Alfonsín ha dicho: “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Hoy, un número creciente de personas ha tomado la conciencia de que, la prosperidad de la economía mundial es inseparable del desarrollo de los países del tercer mundo. Lamentablemente, el injusto y obsoleto orden económico internacional sigue obstaculizando el desarrollo de los países tercermundista. La gran mayoría de los países en desarrollo encaran aún una serie de problemas apremiantes, tales como la deuda, el deterioro de los términos del intercambio comercial y la hambruna. La brecha entre los países pobres y los ricos se ensancha cada día más en lugar de reducirse. Expresamos nuestra profunda simpatía a los países deudores de América Latina y apreciamos y respaldamos los razonables planteamientos presentados por la Argentina y otros 10 principales países deudores latinoamericanos en sus conferencias. Deseamos que los países acreedores, tomando en consideración la situación económica mundial en su conjunto y con una visión de largo alcance, consulten con los países deudores en busca de métodos positivos para resolver razonablemente el problema en un espíritu de promover el pago de la deuda mediante el desarrollo.
Estamos dispuestos a seguir esforzándonos, junto con los demás países en desarrollo, por impulsar el mejoramiento de las relaciones Norte-Sur. Miramos con buenos ojos y apoyamos decididamente a los países del tercer mundo en su posición de marchar por el camino del autofortalecimiento colectivo y reforzar la cooperación Sur-Sur. En la lucha por la reforma del injusto y obsoleto orden económico internacional, estaremos siempre al lado del tercer mundo
La política de apertura al exterior de China se orienta no solamente hacia los países desarrollados sino también hacia los que se encuentran en vías de desarrollo. Ampliar activamente la cooperación económica, comercial, científica, técnica y de otros terrenos con los países latinoamericanos forma parte importante de la cooperación Sur-Sur. Entre China y la América Latina no existe conflicto de intereses fundamentales, sino una amplia coincidencia de intereses. Tuvimos a lo largo de la historia los mismos padecimientos y encaramos ahora las mismas tareas de desarrollar la economía, por eso nuestra cooperación cuenta con sólidas bases.
Mi presente visita a 4 países sudamericanos tiene por objetivo promover el mayor desarrollo de las relaciones de amistad y cooperación entre China y América Latina y, como nuestro particular deseo, una mayor expansión de nuestros vínculos en los campos económico y comercial.
En los últimos 13 años transcurridos después del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y la Argentina, las relaciones de amistad y cooperación entre ambos países han cobrado un alentador progreso, mas, tanto ustedes como nosotros no nos contentamos con los éxitos ya obtenidos, y por eso estamos haciendo esfuerzos por explorar nuevos medios y abrir más vías de cooperación. Tenemos plena confianza en el futuro de nuestra cooperación bilateral. Nos asiste la convicción de que, mediante nuestros esfuerzos conjuntos, se presentarán perspectivas aún más halagüeñas para las relaciones de amistad y cooperación entre China y la Argentina y entre China y los países latinoamericanos.
240) A politica externa do presidente Sarkozy
Le discours de politique étrangère de M. Sarkozy
LE MONDE, 27.08.07
Le texte du discours de Nicolas Sarkozy, président de la République, tel que communiqué avant le prononcé du discours, lundi 27 août.
Monsieur le Premier ministre, Monsieur le Président du Sénat, Monsieur le Président de l'Assemblée Nationale, Monsieur le Ministre des Affaires étrangères et européennes, Mesdames et Messieurs les Ministres, Mesdames et Messieurs les Parlementaires, Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs.
Le débat international n'est pas abstrait ou lointain : les menaces d'aujourd'hui -terrorisme, prolifération, criminalité- ignorent les frontières ; les évolutions de l'environnement et de l'économie mondiale affectent nos vies quotidiennes ; les droits de l'homme sont bafoués sous nos yeux.
Guidée par nos valeurs, notre politique étrangère doit s'appuyer sur une vision claire du monde et des intérêts que nous défendons. A travers elle, c'est notre identité en tant que nation que nous exprimons. Or, les Français jettent sur l'état du monde, le rôle de l'Europe et la place de la France un regard inquiet.
Ils avaient accueilli avec espoir la chute du mur de Berlin et l'effondrement de l'ordre injuste de Yalta ; les progrès des droits de l'Homme et de la démocratie ; les promesses d'une globalisation qui, depuis 1990, a permis de multiplier par deux le PIB mondial et d'augmenter de 50% le niveau de vie moyen.
Ils constatent aujourd'hui qu'à la différence des années qui ont suivi la seconde guerre mondiale, les dirigeants de ces vingt dernières années n'ont pas réussi à créer un nouvel ordre planétaire, ni même à adapter efficacement le précédent.
Si l'on excepte les rares moments d'unité de la première guerre du Golfe ou du 11 septembre 2001, c'est un sentiment, général et justifié, de division et de perte de contrôle qui domine, dans un monde à la fois global et émietté, fait d'interdépendances non maîtrisées.
Alors que les Etats restent au cœur du système international, leur capacité d'action se trouve désormais confrontée à la puissance des acteurs économiques, des médias ou, pour le pire, des réseaux criminels et terroristes ; confrontée aussi aux risques de ce début de XXIe siècle : des flux migratoires de moins en moins maîtrisés ; un bouleversement des équilibres économiques mondiaux qui accroît la méfiance à l'égard de la globalisation à mesure que les délocalisations gagnent, de proche en proche, tous les secteurs d'activité ; ou encore des crises financières, comme celle que nous venons d'essuyer et qui pourraient se reproduire si les dirigeants des grands pays ne choisissaient pas de mener une action résolue et concertée en faveur de la transparence et de la régulation des marchés internationaux.
Face à des crises internationales telles que celle de l'Irak, il est aujourd'hui établi que le recours unilatéral à la force conduit à l'échec; mais les institutions multilatérales, qu'elles soient universelles, comme l'ONU, ou régionales, comme l'OTAN, peinent à convaincre de leur efficacité, du Darfour à l'Afghanistan.
En Europe même, les interrogations sont fortes, notamment après le dernier élargissement: où sont les frontières de l'Union? De nouveaux élargissements sont-ils compatibles avec la poursuite nécessaire de l'intégration? Plus largement, l'Europe n'est-elle pas devenue la courroie de transmission des excès de la mondialisation, alors qu'elle devrait, au contraire, en amortir les chocs et permettre à nos peuples d'en saisir toutes les opportunités?
Sur ce fond d'inquiétude et de désillusion, les Français se demandent ce que la France peut faire face aux principaux défis auxquels le monde est confronté en ce début de XXIème siècle. J'en vois trois, dont tout le reste dépend.
- Premier défi: comment prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, voulue par les groupes extrémistes tels qu'Al Qaeda qui rêvent d'instaurer, de l'Indonésie au Nigéria, un khalifat rejetant toute ouverture, toute modernité, toute idée même de diversité. Si ces forces devaient atteindre leur sinistre objectif, nul doute que ce siècle serait pire encore que le précédent, pourtant marqué par un affrontement sans merci entre idéologies.
- Deuxième défi: comment intégrer dans le nouvel ordre global les géants émergents que sont la Chine, l'Inde ou le Brésil? Moteurs de la croissance mondiale, ils sont aussi facteurs de graves déséquilibres; géants de demain, ils veulent que leur nouveau statut soit reconnu, sans être toujours prêts à respecter des règles qui sont pourtant dans l'intérêt de tous.
- Troisième défi: comment faire face à des risques majeurs que nous sommes, dans l'histoire de l'humanité, la première génération à identifier scientifiquement et à pouvoir traiter globalement, qu'il s'agisse du réchauffement climatique, des nouvelles pandémies ou de la pérennité des approvisionnements énergétiques?
A ces questions, permettez-moi d'apporter ma réponse, au nom de la France, et d'abord, de vous dire quelle est mon approche des dossiers internationaux.
Je suis de ceux qui pensent que la marque d'un homme d'Etat, c'est la volonté de changer le cours des choses. Pour cela, il faut une volonté inébranlable ; il faut aussi faire partager ses rêves, ses ambitions et ses objectifs.
Je suis de ceux qui pensent que la France a encore beaucoup à apporter au monde, parce qu'elle a l'un des peuples les plus dynamiques et les mieux formés, l'une des économies les plus performantes, une diplomatie et des forces armées parmi les meilleures. Mais notre pays n'est pas le seul à avoir de tels atouts et il ne les conservera que s'il réussit à mener des réformes nombreuses et ambitieuses.
J'ai proposé ces réformes au peuple français; elles seront toutes mises en œuvre avec détermination, dans un esprit de concertation et d'ouverture.
Je suis aussi de ceux qui pensent que la France est grande et écoutée quand elle est rassemblée derrière une vision et une volonté. Les Français m'ont élu sur un programme clair et détaillé. Ils veulent un Président qui agisse et obtienne des résultats. C'est vrai à l'intérieur. C'est vrai en politique étrangère.
Ces deux dimensions de mon action sont d'ailleurs inséparables: la France, pas plus que toute autre nation, n'a de droits acquis à son statut international ; son message dans le monde ne restera entendu que s'il est porté par un peuple ambitieux et confiant, une société réconciliée avec elle-même et une économie performante.
Les réformes que je veux conduire à l'intérieur pour rendre aux Français foi en l'avenir, moderniser notre économie et adapter nos institutions, participent de ma vision de la France dans le monde. Je veux une France plus forte chez elle, car c'est la condition de son influence au-delà de nos frontières. C'est là, aussi, que réside la cohérence de mon projet.
Je suis de ceux qui pensent qu'il n'y a pas de France forte sans l'Europe, comme il n'y a pas d'Europe forte sans la France. Je suis de ceux qui pensent que l'émergence d'une Europe forte, acteur majeur sur la scène internationale, peut contribuer de façon décisive à la reconstruction de cet ordre mondial plus efficace, plus juste, plus harmonieux, que réclament nos peuples.
Je suis de ceux qui pensent que l'amitié entre les Etats-Unis et la France est aussi importante aujourd'hui qu'elle l'a été au cours des deux siècles passés. Alliés ne veut pas dire alignés et je me sens parfaitement libre d'exprimer nos accords comme nos désaccords, sans complaisance ni tabou.
Je suis de ceux qui pensent que les liens anciens et de tous ordres qui nous unissent aux peuples de la Méditerranée et, au-delà, de l'Afrique sont un atout, une chance pour peu que nous ayons l'ambition et la volonté de les organiser et de les renforcer, en rompant définitivement avec d'anciennes pratiques.
Je suis de ceux qui pensent que notre langue est au cœur de notre identité et une partie de notre âme ; que la Francophonie et ses solidarités sont un atout majeur pour tous ceux qui ont le français en partage.
Je suis enfin de ceux qui pensent que la France demeure porteuse d'un message et de valeurs qui résonnent à travers le monde, ceux de la déclaration des droits de l'Homme et du citoyen, de l'humanisme, mais aussi, plus récemment, de l'humanitaire et du devoir de protéger incarnés par des hommes tels que Bernard Kouchner, que j'ai été heureux d'accueillir au gouvernement et de placer à la tête de notre diplomatie.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, la construction de l'Europe restera la priorité absolue de notre politique étrangère. Sans Union européenne forte et active, la France ne pourrait apporter de réponse efficace aux trois défis de notre temps. Sans Europe assumant son rôle de puissance, le monde serait privé d'un pôle d'équilibre nécessaire.
C'est pourquoi j'ai voulu, en toute priorité, remettre l'Europe en marche en proposant le traité simplifié ; le succès était loin d'être acquis d'avance ; il a été obtenu grâce à une parfaite entente franco-allemande, moteur essentiel de l'Union européenne.
Je veux ici rendre un hommage tout particulier à mon amie Angela Merkel. Le succès doit aussi beaucoup à la Commission et à son remarquable Président José Manuel Barroso. En réalité, les bonnes volontés de tous se sont rejointes, car nous avions proposé un scenario de sortie de crise suffisamment clair et fédérateur. C'est une leçon pour l'avenir.
L'adoption par le Conseil européen de juin d'un mandat politique très précis a ouvert la voie à une conférence intergouvernementale technique, qui se bornera à transcrire en forme juridique notre accord politique, ce qui ne diminue en rien l'ampleur de la tâche de la Présidence portugaise en qui nous avons toute confiance.
Notre souhait est qu'elle achève ses travaux pour le Conseil européen d'octobre, afin de permettre une entrée en vigueur du nouveau traité avant les élections européennes du printemps 2009.
L'Europe étant désormais sortie du blocage du chantier institutionnel qui durait depuis 10 ans, le moment est venu de poser la question de l'avenir du projet européen. Je souhaite que, d'ici la fin de l'année, soit créé par les 27 un comité de dix à douze sages de très haut niveau, à l'image de ceux présidés par Werner, Davignon et Westendorp ou du comité Delors, pour réfléchir à cette question simple mais essentielle : " quelle Europe en 2020-2030 et pour quelles missions ? ".
Les sages devraient remettre leurs conclusions et leurs propositions avant les élections européennes de juin 2009, pour permettre au Parlement nouvellement élu et à la prochaine Commission de disposer du fruit de leurs travaux, en complément du traité simplifié et du travail de rénovation des politiques de l'Union et de son cadre financier.
Si cette réflexion essentielle sur l'avenir de notre Union est lancée par les 27, la France ne s'opposera pas à ce que de nouveaux chapitres de la négociation entre l'Union et la Turquie soient ouverts dans les mois et les années qui viennent, à condition que ces chapitres soient compatibles avec les deux visions possibles de l'avenir de leurs relations : soit l'adhésion, soit une association aussi étroite que possible sans aller jusqu'à l'adhésion.
Chacun sait que cette seconde formule est celle que j'ai prônée pendant toute ma campagne électorale. Je n'ai pas changé d'avis et je pense qu'elle sera un jour reconnue par tous comme la plus raisonnable. En attendant, comme le Premier Ministre Erdogan, je souhaite que la Turquie et la France renouent les liens privilégiés qu'elles ont tissés au fil d'une longue histoire partagée.
La présidence française de l'Union, dans dix mois seulement, doit dès à présent mobiliser toutes nos énergies. Pour la réussir, nous devrons jouer collectif, nous mettre à l'écoute de nos partenaires, tous nos partenaires. Chacune des capitales de l'Union recevra, avant le 1er juillet, ma visite ou celle du Premier Ministre.
Nous aurons, bien sûr, des priorités à leur proposer pour faire progresser l'Europe dans les domaines clés de l'immigration, de l'énergie et de l'environnement. Trois domaines où les attentes des Européens sont fortes et sur lesquels j'aurai l'occasion de revenir.
Je souhaite aujourd'hui mettre l'accent sur le dossier de l'Europe de la Défense. Bientôt dix ans après l'accord de Saint-Malo, le moment est venu de lui donner un nouvel élan.
Ce qui a été accompli ces dernières années est loin d'être négligeable puisque l'Union a conduit une quinzaine d'opérations sur notre continent, en Afrique, au Proche-Orient, en Asie. Ces interventions démontrent, s'il en était besoin, qu'il n'y a pas compétition, mais bien complémentarité, entre l'OTAN et l'Union. Face à la multiplication des crises, il n'y a pas trop plein, mais bien déficit de capacités en Europe.
Je souhaite que les Européens assument pleinement leur responsabilité et leur rôle au service de leur sécurité et de celle du monde. Pour cela, nous avons besoin en priorité de renforcer nos capacités de planification et de conduite des opérations; de développer l'Europe de l'armement avec de nouveaux programmes et de rationnaliser ceux qui existent; d'assurer l'interopérabilité de nos forces; et que chacun en Europe prenne sa part de la sécurité commune.
Mais au delà des instruments, nous avons aussi besoin d'une vision commune des menaces qui pèsent sur nous et des moyens d'y répondre : il nous faut élaborer ensemble une nouvelle "stratégie européenne de sécurité", prolongeant celle adoptée en 2003 sous l'égide de Javier Solana. Nous pourrions approuver ce nouveau texte sous présidence française en 2008.
Notre Livre blanc sur la défense et la sécurité nationale, dont j'ai demandé l'élaboration dans les prochains mois, sera la contribution de la France à ce travail nécessaire. Dans cette démarche européenne, la France et l'Allemagne ont mis en place les fondations : la brigade franco-allemande, puis le Corps européen.
A Saint-Malo, la France et le Royaume-Uni ont poursuivi cette construction, comme il est naturel puisqu'ensemble, nos deux budgets de défense représentent les deux tiers du total de ceux des 25 autres pays de l'Union, et nos budgets de recherche de défense, le double. Mais l'Italie, l'Espagne, la Pologne, les Pays-Bas, et tous nos autres partenaires ont vocation à participer à cet effort commun qui nous permettra de valoriser au mieux nos atouts.
Ll'Union dispose de toute la palette des instruments d'intervention dans les crises : militaires, humanitaires, financiers. Elle doit s'affirmer progressivement comme un acteur de premier rang de la paix et de la sécurité dans le monde, en coopération avec les Nations-Unies, l'Alliance atlantique, l'Union africaine. Elle devrait aussi avoir la volonté de lancer une véritable politique de coopération et d'assistance en matière de sécurité avec les pays tiers, notamment en Afrique.
Ces progrès de l'Europe de la défense ne s'inscrivent en aucun cas dans une compétition avec l'Otan. Cette Alliance atlantique, faut-il le rappeler, elle est la nôtre : nous l'avons fondée, nous en sommes aujourd'hui un des principaux contributeurs. Sur 26 membres, 21 sont aussi membres de l'Union. Opposer l'Union à l'Otan n'a pas de sens : nous avons besoin des deux.
Mieux : je suis convaincu qu'il est dans l'intérêt bien compris des Etats-Unis que l'Union européenne rassemble ses forces, rationalise ses capacités, bref organise sa défense. Nous devons progresser avec pragmatisme, avec ambition, sans a priori idéologique, avec pour principal souci la sécurité du monde occidental.
Parce que les deux mouvements sont complémentaires, je souhaite que dans les prochains mois nous avancions de front vers le renforcement de l'Europe de la défense et vers la rénovation de l'Otan et de sa relation avec la France. C'est du reste ce qui se passe déjà sur le terrain : en Afghanistan, sous mandat de l'ONU, la force de l'OTAN était naguère dirigée par le Corps européen de l'Union, sous les ordres d'un général français.
Le Kosovo offre une autre illustration de cette complémentarité puisque l'Union et l'OTAN, sous mandat de l'ONU, y coopèrent étroitement. Cette coopération revêtira une importance cruciale au cours des prochains mois. A l'initiative de la France, le Groupe de Contact poursuit ses efforts pour renouer le dialogue entre Serbes et Kosovars.
Nous soutenons le principe d'une indépendance supervisée par la communauté internationale, garante des droits des minorités et accompagnée par l'Union européenne. La France soutiendra toute solution acceptée par les deux parties. Je souhaite aujourd'hui lancer un triple appel : aux Serbes et aux Kosovars pour qu'ils fassent preuve de réalisme et se prêtent de bonne foi à cet effort ultime pour parvenir à une solution mutuellement acceptée ; aux Russes et aux Américains, pour qu'ils comprennent que ce dossier très difficile est d'abord un dossier européen ; et aux Européens, qui doivent afficher leur unité puisque ce sont les pays de l'Union qui devront assumer l'essentiel des responsabilités et des coûts et que c'est dans l'Union que se situe l'avenir à long terme de l'espace balkanique.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, Bientôt dotée d'institutions efficaces, d'un président stable du Conseil européen, d'un Haut Représentant en charge de la politique étrangère qui remplacera les trois responsables actuels, et d'un véritable service diplomatique européen, l'Union sera en mesure de mieux affirmer sur la scène mondiale la vision et les valeurs que nous partageons.
Pour la France, cette émergence de l'Europe en tant qu'acteur politique global correspond à une nécessité, face aux trois défis du XXIème siècle que j'évoquais tout à l'heure : quelles réponses sommes-nous, ensemble, capables de leur apporter ? La menace d'une confrontation, entre l'Islam et l'Occident, d'abord. Nous aurions tort d'en sous-estimer la possibilité : l'affaire des caricatures en a été un signe avant-coureur.
Nos pays, tous nos pays y compris ceux du monde musulman, sont aujourd'hui sous la menace d'attentats criminels comme ceux qui ont frappé New York, Bali, Madrid, Bombay, Istanbul, Londres ou Casablanca. Pensons à ce qui se passerait demain si les terroristes utilisaient des moyens nucléaires, biologiques ou chimiques. Le premier devoir de nos Etats est d'organiser une coopération totale entre services de sécurité de tous les pays concernés.
Notre devoir, celui de l'Alliance atlantique, est aussi d'accentuer nos efforts en Afghanistan. J'ai décidé de renforcer la présence de nos formateurs au sein de l'armée afghane car c'est elle qui doit, au premier chef, livrer et gagner le combat contre les Talibans.
J'ai décidé d'accentuer notre action d'aide à la reconstruction, car il n'y aura pas de succès durable si le peuple afghan ne recueille pas les fruits tangibles d'un retour de la sécurité et de la paix. Il n'y aura pas non plus de succès dans la lutte contre la drogue. Le moment est sans doute venu de nommer, sous l'autorité du Président Karzaï, une personnalité de premier plan capable d'assurer une meilleure coordination entre actions militaires et initiatives civiles.
Mais nos actions en Afghanistan seraient vaines si, de l'autre côté de la frontière, le Pakistan demeurait le refuge des Talibans et d'Al Qaeda, avant d'en devenir, peut-être, la victime. Je suis convaincu qu'une politique plus déterminée de la part de toutes les autorités pakistanaises est possible et qu'elle est dans leur intérêt à long terme. Nous sommes prêts à les y aider.
Prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, c'est aussi encourager, aider, dans chaque pays musulman les forces de modération et de modernité à faire prévaloir un Islam ouvert et tolérant, acceptant la diversité comme un enrichissement. Dans ce domaine, il n'est pas de recette miracle, unique.
Mais l'évolution de pays comme le Maroc, l'Algérie, la Tunisie, la Jordanie, l'Indonésie témoigne, malgré des différences importantes, de l'existence d'un mouvement des sociétés, encouragé par les gouvernements. Je souhaite que notre coopération renforce les programmes tournés vers l'ouverture et le dialogue des sociétés, en lien, pourquoi pas, avec les représentants de l'Islam de France.
Prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, c'est encore aider, comme la France le propose, les pays musulmans à accéder à l'énergie du futur : l'électricité nucléaire, dans le respect des traités et en pleine coopération avec les pays qui maîtrisent déjà cette technologie.
Prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, c'est enfin traiter les crises du Moyen-Orient. Il y a cinq ans seulement, la région ne connaissait qu'une crise. Aujourd'hui, elle en subit quatre, très différentes mais chaque jour davantage liées entre elles.
Tout a été dit, beaucoup a été tenté à propos du conflit israélo-palestinien. Le paradoxe de la situation est que nous savons quelle sera sa solution, deux Etats -ou peut-être devrait-on mieux dire : deux Etats-Nations- vivant côte à côte dans la paix et la sécurité à l'intérieur de frontières sûres et reconnues. Nous connaissons le contenu détaillé de cette solution à travers les paramètres Clinton et le legs de Taba.
Nous avions une idée du chemin à parcourir: la feuille de route, qu'il faut certainement revisiter. Nous connaissons enfin les parrains de la paix: les membres du Quartet, désormais représentés par une personnalité de premier plan: Tony Blair, et les pays arabes modérés.
Malgré tout cela, chacun a le sentiment désespérant que la paix ne progresse pas. Pire : qu'elle recule dans les esprits et les cœurs. J'ai la réputation d'être l'ami d'Israël et c'est vrai. Je ne transigerai jamais sur la sécurité d'Israël. Mais tous les dirigeants des pays arabes, à commencer par le président Mahmoud Abbas, qui sont venus nombreux à Paris depuis mon élection, connaissent mes sentiments d'amitié et de respect envers leurs peuples.
Que cette amitié m'autorise à dire aux dirigeants israéliens et palestiniens que la France est déterminée à prendre ou à soutenir toute initiative utile. Mais elle a une conviction: la paix se négociera d'abord entre Israéliens et Palestiniens. Dans l'immédiat, nos efforts, ceux du Quartet et des pays arabes modérés, doivent aller à la reconstruction de l'Autorité palestinienne, sous l'autorité de son Président.
Mais il est tout aussi indispensable de relancer sans délai une authentique dynamique de paix conduisant à la création d'un Etat palestinien. Que les parties et la communauté internationale se dérobent à nouveau à cette ambition, et la création d'un " Hamastan " dans la bande de Gaza risque d'apparaître rétrospectivement comme la première étape de la prise de contrôle de tous les territoires palestiniens par les islamistes radicaux. Nous ne pouvons pas nous résigner à cette perspective. La France ne s'y résigne pas.
Le Liban, depuis des siècles, est cher au cœur des Français. Cette amitié n'est pas dirigée vers un groupe ou un clan: la France est l'amie de tous les Libanais. Elle est passionnément attachée à la pleine liberté, à l'indépendance, à la souveraineté du Liban, telles qu'exigées dans les résolutions 1559 et 1701 du Conseil de Sécurité.
C'est cette amitié qui a encouragé Bernard Kouchner à convier à la Celle Saint-Cloud puis à rencontrer à Beyrouth tous les acteurs de la vie politique. Le dialogue qui y a repris doit se poursuivre pour aboutir à une sortie de crise par le haut: un Président élu dans les délais et selon la constitution, en qui tous les Libanais se reconnaîtront et capable de travailler avec tous ; à l'intérieur avec toutes les communautés, comme à l'extérieur avec tous les grands partenaires du Liban.
Tous les acteurs régionaux, dont la Syrie, doivent agir pour favoriser une telle solution. Si Damas s'engageait clairement dans cette voie, alors les conditions d'un dialogue franco-syrien seraient réunies.
La tragédie irakienne ne peut pas nous laisser indifférents. La France était et demeure hostile à cette guerre. Que l'histoire nous ait donné raison ne nous dispense pas d'en mesurer les conséquences : une nation qui se défait dans une guerre civile sans merci ; un affrontement entre chiites et sunnites qui peut embraser tout le Moyen-Orient; des groupes terroristes qui s'installent durablement, s'aguerrissent avant d'attaquer de nouvelles cibles à travers le monde entier ; une économie mondiale à la merci de la moindre étincelle sur les champs pétroliers.
Il n'y aura de solution que politique: elle implique la marginalisation des groupes extrémistes et un processus sincère de réconciliation nationale, au terme duquel chaque segment de la société irakienne, chaque Irakien, devra être assuré d'un accès équitable aux institutions et aux ressources de son pays ; elle implique aussi que soit défini un horizon clair concernant le retrait des troupes étrangères.
Car c'est la décision attendue sur ce sujet qui contraindra tous les acteurs à mesurer leurs responsabilités et à s'organiser en conséquence. C'est alors, et alors seulement, que la communauté internationale, à commencer par les pays de la région, pourra agir le plus utilement. La France, pour sa part, y sera disposée. C'est le message que Bernard Kouchner vient d'apporter à Bagdad, message de solidarité et de disponibilité.
Quatrième crise, au confluent des trois autres: l'Iran. La France maintient avec ses dirigeants un dialogue sans complaisance, qui s'est avéré utile en plusieurs occasions. Elle a pris l'initiative, avec l'Allemagne et le Royaume-Uni, d'une négociation où l'Europe joue un rôle central, rejointe par les Etats-Unis, la Russie et la Chine. Les paramètres en sont connus; je n'y reviens pas, sinon pour réaffirmer qu'un Iran doté de l'arme nucléaire est pour moi inacceptable, et souligner l'entière détermination de la France dans la démarche actuelle alliant sanctions croissantes mais aussi ouverture si l'Iran fait le choix de respecter ses obligations.
Cette démarche est la seule qui puisse nous permettre d'échapper à une alternative catastrophique: la bombe iranienne ou le bombardement de l'Iran. Cette quatrième crise est sans doute la plus grave qui pèse aujourd'hui sur l'ordre international.
Les solutions qui émergent lentement de l'autre processus de négociation "à six", et qui ont conduit la Corée du Nord à accepter, sous le contrôle de l'AIEA, la renonciation au nucléaire militaire et la fermeture du réacteur de Yongbyon, montrent, après le renoncement de la Libye aux armes de destruction massive, qu'il existe un chemin pour peu qu'il y ait une volonté.
Le peuple iranien, qui est un grand peuple et mérite le respect, n'aspire ni à l'isolement, ni à la confrontation. La France n'épargnera aucun effort pour convaincre l'Iran qu'il aurait beaucoup à gagner en s'engageant dans une négociation sérieuse avec les Européens, les Américains, les Chinois et les Russes.
Dans un espace précis, mais combien emblématique, j'ai souhaité apporter ma réponse au risque de confrontation entre l'Islam et l'Occident: je veux parler du projet d'Union de la Méditerranée.
De même que l'histoire de l'Europe est faite de siècles d'affrontements et de guerres, de même l'histoire des peuples de la Méditerranée est faite de conquêtes et d'invasions. Comme en Europe, des liens très forts se sont tissés, nos cultures se sont mutuellement enrichies. C'est le cas notamment entre la France et les pays du Maghreb. Le moment est venu de franchir un pas supplémentaire, qui peut être décisif, et de démontrer par nos actes plutôt que par nos discours, la force de cette amitié.
Il ne s'agit pas d'ignorer ce qui a déjà été accompli: le processus de Barcelone, le 5 + 5 ou le Forum Méditerranéen. Il s'agit au contraire d'aller au-delà, entre pays riverains de notre mer commune, en partant de la démarche qui fut celle de Jean Monnet à propos de l'Europe: celle des solidarités concrètes. Bâtissons autour de quatre piliers : l'environnement et le développement durable; le dialogue des cultures; la croissance économique et le développement social; l'espace de sécurité méditerranéen.
Imaginons ensemble, dans chacun de ces domaines, quelques projets ambitieux mais réalistes, mobilisant des Etats, les entreprises, les associations, tous ceux qui souhaiteront participer à ce grand projet. Montrons ainsi à nos peuples que nous pouvons ensemble bâtir pour nos enfants un avenir partagé de prospérité et de sécurité ! Naturellement, l'Union européenne, à travers ses institutions, en particulier la Commission, devrait être acteur de plein droit de l'Union méditerranéenne.
Un dialogue informel a déjà été engagé avec les pays riverains, y compris la Libye que je souhaite, maintenant que le dossier de l'équipe médicale est réglé, encourager à rejoindre le concert des nations. Il faut maintenant préparer une première réunion de Chefs d'Etat et de gouvernement qui devrait se tenir au premier semestre 2008.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, les deux derniers défis auxquels notre monde est aujourd'hui confronté ne peuvent être traités séparément : de notre capacité à bâtir avec les géants émergents un ordre mondial efficace et juste dépendra directement notre capacité à répondre aux menaces du XXIème siècle que sont, notamment, le réchauffement climatique, les nouvelles pandémies et les menaces sur la pérennité de notre approvisionnement énergétique.
Jusqu'à présent, reconnaissons-le, la réponse de la communauté internationale aux bouleversements engagés voici 17 ans n'a pas été à la hauteur des enjeux.
Depuis 1990, l'affrontement bipolaire a disparu ; les notions mêmes de Tiers Monde et de Non-alignement n'ont plus de sens. La libéralisation économique, commerciale, financière, la révolution des technologies de l'information et de la communication et son extension fulgurante au monde entier, les progrès des transports ont créé une planète où règne l'interdépendance, mutualisant les opportunités, les risques et les crises.
Dans le même temps, et en réaction à ce qui a été bien souvent vécu comme une occidentalisation du monde, sont apparus des réactions de refus, des réflexes identitaires, des tentations nationales ou religieuses de retours, par la violence, vers la pureté de mythiques âges d'or. Ces réactions à la globalisation pourraient conduire à un monde déstructuré et déstabilisé.
Ces évolutions s'accompagnent d'une seconde réalité, qui n'est pas moins préoccupante : le monde est devenu multipolaire mais cette multipolarité, qui pourrait annoncer un nouveau concert des grandes puissances, dérive plutôt vers le choc de politiques de puissance. Les Etats-Unis n'ont pas su résister à la tentation du recours unilatéral à la force et ne démontrent malheureusement pas, dans la protection de l'environnement, cette capacité de "leadership" qu'ils revendiquent ailleurs.
La Russie impose son retour sur la scène mondiale en jouant avec une certaine brutalité de ses atouts, notamment pétroliers et gaziers, alors que le monde, l'Europe en particulier, espèrent d'elle une contribution importante et positive au règlement des problèmes de notre temps que son statut retrouvé justifie.
La Chine, engagée dans la plus impressionnante renaissance de l'histoire de l'humanité, transforme sa quête insatiable de matières premières en stratégie de contrôle, notamment en Afrique. La monnaie elle-même, loin des lois du marché, devient un instrument au service de politiques de puissance. Les règles progressivement négociées et adoptées par les Etats sont trop souvent bafouées, qu'il s'agisse des normes sociales, de la propriété intellectuelle ou de l'environnement.
Face aux excès d'une mondialisation mal maîtrisée, face aux risques d'un monde multipolaire antagoniste, je suis convaincu que l'Union européenne peut apporter une contribution importante à l'émergence d'un multilatéralisme efficace fondé sur le respect par tous de règles communes et la réciprocité.
Depuis 1990, l'Europe rassemblée a retrouvé, après cinq décennies de division et de dépendance, la responsabilité pleine et entière de son destin et la capacité de peser, à nouveau, de façon décisive sur les affaires du monde. Elle seule a accumulé, à travers le long processus de sa construction communautaire, l'expérience pratique d'une souveraineté partagée qui correspond bien aux exigences de notre temps.
En ce début de XXIème siècle, le monde n'a pas besoin d'une table rase. Les institutions nécessaires existent. Les réformes engagées en 2005 dans le système des Nations-Unies vont dans le bon sens. Ce qui a manqué jusqu'à présent est la volonté politique de les mener à terme, notamment l'élargissement nécessaire du Conseil de Sécurité, dans les deux catégories de membres, avec comme nouveaux membres permanents l'Allemagne, le Japon, l'Inde, le Brésil et une juste représentation de l'Afrique
Le Fonds Monétaire International, lui aussi, doit conduire d'indispensables réformes pour mieux refléter et agir sur les réalités d'aujourd'hui: c'est précisément ce que propose Dominique Strauss-Kahn, candidat de l'Union européenne au poste de directeur général.
Enfin, le G8 doit poursuivre sa lente transformation. Le dialogue conduit, lors des récents sommets, avec les plus hauts dirigeants de la Chine, de l'Inde, du Brésil, du Mexique et de l'Afrique du Sud, devrait être institutionnalisé et durer une journée pleine. Peu à peu, le G8 doit devenir le G13. Autant que la concertation économique, la nécessité d'une coopération étroite entre les pays les plus industrialisés et les grands pays émergents pour lutter contre le changement climatique justifie cette évolution.
La protection de notre planète rend en effet indispensable la reconnaissance de responsabilités communes, mais différenciées, par les principales puissances de ce monde nouveau. La France sera au cœur de ce grand débat, qui revêtira un caractère structurant pour les relations internationales.
Ce nouveau concert des grandes puissances, du Conseil de Sécurité élargi au G8 transformé, ne saurait laisser de côté la défense et la promotion des droits de l'Homme et de la démocratie. Bien au contraire : la globalisation a contribué, et je m'en félicite, à l'émergence d'une opinion mondiale de mieux en mieux informée, de plus en plus réactive.
A travers les médias et les mouvements associatifs, elle s'affirme comme un acteur à part entière de la vie internationale. Dans ce combat pour la promotion des valeurs fondatrices de notre République, un combat plus soucieux de résultats tangibles que d'effets déclaratoires, je compte maintenir un dialogue régulier avec nos principales ONG. Une première séance s'est tenue à l'Elysée en juin ; d'autres suivront, notamment sur la problématique du développement de l'Afrique.
A l'écoute de nos associations, je souhaite aussi être à l'écoute des peuples africains : qu'attendent-ils aujourd'hui de la France? Je vous demande, Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, d'aller à la rencontre des forces vives du continent et notamment de sa jeunesse. Je lui ai présenté, de Dakar, avec amitié et franchise, mon analyse. Je souhaite prendre connaissance, dans le même esprit d'amitié et de franchise, des attentes de la jeunesse d'Afrique à l'égard de notre pays avant mon prochain voyage sur le continent.
L'Afrique restera une priorité essentielle de notre politique étrangère et un axe central de la politique de coopération de l'Union européenne. Elle n'est pas l'homme malade du monde d'aujourd'hui. Elle n'a pas besoin de notre charité. Depuis plusieurs années, elle connaît une croissance moyenne de 5% et pourrait faire mieux encore si les producteurs locaux de certains produits de base tels que le coton étaient rétribués au juste prix.
L'Afrique a tout pour réussir dans la mondialisation et la France veut l'y aider.
Il s'agit d'accélérer son développement. Malgré ses progrès, l'Afrique reste encore à l'écart de la prospérité mondiale. Elle ne peut tirer le meilleur parti de ses immenses richesses naturelles, trop souvent menacées de pillage, et souffre plus que d'autres des conséquences des changements climatiques. A mi-chemin du calendrier des objectifs du millénaire, il convient donc de poursuivre notre effort d'aide.
Ce n'est pas seulement affaire de montants financiers, même s'il ne fait pas de doute que notre engagement doive être maintenu en dépit des difficultés qui pèseront sur le budget de 2008. Il faut aussi viser à de meilleurs résultats. Plus d'aide doit signifier plus d'efficacité, et donc une gestion en progrès constant.
Mais il ne peut y avoir de développement ni de prospérité sans sécurité. A cet égard aussi, l'Afrique progresse. Des nombreuses crises qui handicapaient le continent, beaucoup sont en voie de résorption, dans la région des Grands Lacs comme en Afrique de l'Ouest.
La plus tragique reste aujourd'hui celle du Darfour. La souffrance des populations nous oblige. C'est pourquoi j'ai souhaité que la France s'implique pleinement. Il est réconfortant qu'à la suite de la réunion du groupe de contact élargi, à Paris le 25 juin, la communauté internationale ait démontré sa volonté d'agir.
L'adoption de la résolution créant l'opération hybride des Nations Unies et de l'Union Africaine, est un premier succès. La force doit maintenant se déployer au plus vite. La rencontre d'Arusha entre les factions rebelles, au début de ce mois, ouvre les perspectives d'une solution politique qui, seule, permettra un règlement durable de la crise.
Pour mobiliser davantage encore la communauté internationale face aux défis de la paix et de la sécurité en Afrique, j'ai pris l'initiative d'une réunion du Conseil de Sécurité qui se tiendra le 25 septembre à New York, au niveau des Chefs d'Etat ou de gouvernement et que je présiderai.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, vous l'aurez compris: je me fais une très haute idée de la France et de son rôle dans le monde d'aujourd'hui ; j'ai de grandes ambitions pour l'Union européenne, sa place naturelle au cœur d'un système multilatéral efficace et juste.
Pour mettre en œuvre cette politique étrangère ambitieuse, la France a la chance d'avoir à la tête du Ministère des Affaires étrangères et européennes quatre personnalités remarquables: Bernard Kouchner, et à ses côtés Jean-Pierre Jouyet, Jean-Marie Bockel et Rama Yade. Elle a la chance de disposer d'un corps diplomatique de très grande qualité.
En vous recevant aujourd'hui pour la première fois, je veux vous dire combien le travail que vous accomplissez, avec compétence et talent, parfois au péril de votre vie comme à Beyrouth ou à Bagdad, fait honneur à notre République.
Encore faut-il que votre ministère ait les moyens de sa mission et voie reconnu son rôle interministériel au cœur de notre stratégie nationale pour le succès de la France dans la mondialisation. Le moment est donc venu d'engager une nouvelle étape de sa modernisation.
C'est le sens de la lettre qu'avec le Premier Ministre, j'ai adressée ce matin même au Ministre des Affaires étrangères et européennes. Il pourra notamment s'appuyer, pour conduire sa réflexion et préparer son " Livre Blanc ", sur le rapport que me remettra dans quelques jours Hubert Védrine, ainsi que sur une large concertation. Je sais pouvoir compter sur Bernard Kouchner, et sur vous tous, pour conduire ces réformes et mettre en œuvre notre politique étrangère avec détermination et imagination. Merci de porter haut et loin le message de la France !
LE MONDE, 27.08.07
Le texte du discours de Nicolas Sarkozy, président de la République, tel que communiqué avant le prononcé du discours, lundi 27 août.
Monsieur le Premier ministre, Monsieur le Président du Sénat, Monsieur le Président de l'Assemblée Nationale, Monsieur le Ministre des Affaires étrangères et européennes, Mesdames et Messieurs les Ministres, Mesdames et Messieurs les Parlementaires, Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs.
Le débat international n'est pas abstrait ou lointain : les menaces d'aujourd'hui -terrorisme, prolifération, criminalité- ignorent les frontières ; les évolutions de l'environnement et de l'économie mondiale affectent nos vies quotidiennes ; les droits de l'homme sont bafoués sous nos yeux.
Guidée par nos valeurs, notre politique étrangère doit s'appuyer sur une vision claire du monde et des intérêts que nous défendons. A travers elle, c'est notre identité en tant que nation que nous exprimons. Or, les Français jettent sur l'état du monde, le rôle de l'Europe et la place de la France un regard inquiet.
Ils avaient accueilli avec espoir la chute du mur de Berlin et l'effondrement de l'ordre injuste de Yalta ; les progrès des droits de l'Homme et de la démocratie ; les promesses d'une globalisation qui, depuis 1990, a permis de multiplier par deux le PIB mondial et d'augmenter de 50% le niveau de vie moyen.
Ils constatent aujourd'hui qu'à la différence des années qui ont suivi la seconde guerre mondiale, les dirigeants de ces vingt dernières années n'ont pas réussi à créer un nouvel ordre planétaire, ni même à adapter efficacement le précédent.
Si l'on excepte les rares moments d'unité de la première guerre du Golfe ou du 11 septembre 2001, c'est un sentiment, général et justifié, de division et de perte de contrôle qui domine, dans un monde à la fois global et émietté, fait d'interdépendances non maîtrisées.
Alors que les Etats restent au cœur du système international, leur capacité d'action se trouve désormais confrontée à la puissance des acteurs économiques, des médias ou, pour le pire, des réseaux criminels et terroristes ; confrontée aussi aux risques de ce début de XXIe siècle : des flux migratoires de moins en moins maîtrisés ; un bouleversement des équilibres économiques mondiaux qui accroît la méfiance à l'égard de la globalisation à mesure que les délocalisations gagnent, de proche en proche, tous les secteurs d'activité ; ou encore des crises financières, comme celle que nous venons d'essuyer et qui pourraient se reproduire si les dirigeants des grands pays ne choisissaient pas de mener une action résolue et concertée en faveur de la transparence et de la régulation des marchés internationaux.
Face à des crises internationales telles que celle de l'Irak, il est aujourd'hui établi que le recours unilatéral à la force conduit à l'échec; mais les institutions multilatérales, qu'elles soient universelles, comme l'ONU, ou régionales, comme l'OTAN, peinent à convaincre de leur efficacité, du Darfour à l'Afghanistan.
En Europe même, les interrogations sont fortes, notamment après le dernier élargissement: où sont les frontières de l'Union? De nouveaux élargissements sont-ils compatibles avec la poursuite nécessaire de l'intégration? Plus largement, l'Europe n'est-elle pas devenue la courroie de transmission des excès de la mondialisation, alors qu'elle devrait, au contraire, en amortir les chocs et permettre à nos peuples d'en saisir toutes les opportunités?
Sur ce fond d'inquiétude et de désillusion, les Français se demandent ce que la France peut faire face aux principaux défis auxquels le monde est confronté en ce début de XXIème siècle. J'en vois trois, dont tout le reste dépend.
- Premier défi: comment prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, voulue par les groupes extrémistes tels qu'Al Qaeda qui rêvent d'instaurer, de l'Indonésie au Nigéria, un khalifat rejetant toute ouverture, toute modernité, toute idée même de diversité. Si ces forces devaient atteindre leur sinistre objectif, nul doute que ce siècle serait pire encore que le précédent, pourtant marqué par un affrontement sans merci entre idéologies.
- Deuxième défi: comment intégrer dans le nouvel ordre global les géants émergents que sont la Chine, l'Inde ou le Brésil? Moteurs de la croissance mondiale, ils sont aussi facteurs de graves déséquilibres; géants de demain, ils veulent que leur nouveau statut soit reconnu, sans être toujours prêts à respecter des règles qui sont pourtant dans l'intérêt de tous.
- Troisième défi: comment faire face à des risques majeurs que nous sommes, dans l'histoire de l'humanité, la première génération à identifier scientifiquement et à pouvoir traiter globalement, qu'il s'agisse du réchauffement climatique, des nouvelles pandémies ou de la pérennité des approvisionnements énergétiques?
A ces questions, permettez-moi d'apporter ma réponse, au nom de la France, et d'abord, de vous dire quelle est mon approche des dossiers internationaux.
Je suis de ceux qui pensent que la marque d'un homme d'Etat, c'est la volonté de changer le cours des choses. Pour cela, il faut une volonté inébranlable ; il faut aussi faire partager ses rêves, ses ambitions et ses objectifs.
Je suis de ceux qui pensent que la France a encore beaucoup à apporter au monde, parce qu'elle a l'un des peuples les plus dynamiques et les mieux formés, l'une des économies les plus performantes, une diplomatie et des forces armées parmi les meilleures. Mais notre pays n'est pas le seul à avoir de tels atouts et il ne les conservera que s'il réussit à mener des réformes nombreuses et ambitieuses.
J'ai proposé ces réformes au peuple français; elles seront toutes mises en œuvre avec détermination, dans un esprit de concertation et d'ouverture.
Je suis aussi de ceux qui pensent que la France est grande et écoutée quand elle est rassemblée derrière une vision et une volonté. Les Français m'ont élu sur un programme clair et détaillé. Ils veulent un Président qui agisse et obtienne des résultats. C'est vrai à l'intérieur. C'est vrai en politique étrangère.
Ces deux dimensions de mon action sont d'ailleurs inséparables: la France, pas plus que toute autre nation, n'a de droits acquis à son statut international ; son message dans le monde ne restera entendu que s'il est porté par un peuple ambitieux et confiant, une société réconciliée avec elle-même et une économie performante.
Les réformes que je veux conduire à l'intérieur pour rendre aux Français foi en l'avenir, moderniser notre économie et adapter nos institutions, participent de ma vision de la France dans le monde. Je veux une France plus forte chez elle, car c'est la condition de son influence au-delà de nos frontières. C'est là, aussi, que réside la cohérence de mon projet.
Je suis de ceux qui pensent qu'il n'y a pas de France forte sans l'Europe, comme il n'y a pas d'Europe forte sans la France. Je suis de ceux qui pensent que l'émergence d'une Europe forte, acteur majeur sur la scène internationale, peut contribuer de façon décisive à la reconstruction de cet ordre mondial plus efficace, plus juste, plus harmonieux, que réclament nos peuples.
Je suis de ceux qui pensent que l'amitié entre les Etats-Unis et la France est aussi importante aujourd'hui qu'elle l'a été au cours des deux siècles passés. Alliés ne veut pas dire alignés et je me sens parfaitement libre d'exprimer nos accords comme nos désaccords, sans complaisance ni tabou.
Je suis de ceux qui pensent que les liens anciens et de tous ordres qui nous unissent aux peuples de la Méditerranée et, au-delà, de l'Afrique sont un atout, une chance pour peu que nous ayons l'ambition et la volonté de les organiser et de les renforcer, en rompant définitivement avec d'anciennes pratiques.
Je suis de ceux qui pensent que notre langue est au cœur de notre identité et une partie de notre âme ; que la Francophonie et ses solidarités sont un atout majeur pour tous ceux qui ont le français en partage.
Je suis enfin de ceux qui pensent que la France demeure porteuse d'un message et de valeurs qui résonnent à travers le monde, ceux de la déclaration des droits de l'Homme et du citoyen, de l'humanisme, mais aussi, plus récemment, de l'humanitaire et du devoir de protéger incarnés par des hommes tels que Bernard Kouchner, que j'ai été heureux d'accueillir au gouvernement et de placer à la tête de notre diplomatie.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, la construction de l'Europe restera la priorité absolue de notre politique étrangère. Sans Union européenne forte et active, la France ne pourrait apporter de réponse efficace aux trois défis de notre temps. Sans Europe assumant son rôle de puissance, le monde serait privé d'un pôle d'équilibre nécessaire.
C'est pourquoi j'ai voulu, en toute priorité, remettre l'Europe en marche en proposant le traité simplifié ; le succès était loin d'être acquis d'avance ; il a été obtenu grâce à une parfaite entente franco-allemande, moteur essentiel de l'Union européenne.
Je veux ici rendre un hommage tout particulier à mon amie Angela Merkel. Le succès doit aussi beaucoup à la Commission et à son remarquable Président José Manuel Barroso. En réalité, les bonnes volontés de tous se sont rejointes, car nous avions proposé un scenario de sortie de crise suffisamment clair et fédérateur. C'est une leçon pour l'avenir.
L'adoption par le Conseil européen de juin d'un mandat politique très précis a ouvert la voie à une conférence intergouvernementale technique, qui se bornera à transcrire en forme juridique notre accord politique, ce qui ne diminue en rien l'ampleur de la tâche de la Présidence portugaise en qui nous avons toute confiance.
Notre souhait est qu'elle achève ses travaux pour le Conseil européen d'octobre, afin de permettre une entrée en vigueur du nouveau traité avant les élections européennes du printemps 2009.
L'Europe étant désormais sortie du blocage du chantier institutionnel qui durait depuis 10 ans, le moment est venu de poser la question de l'avenir du projet européen. Je souhaite que, d'ici la fin de l'année, soit créé par les 27 un comité de dix à douze sages de très haut niveau, à l'image de ceux présidés par Werner, Davignon et Westendorp ou du comité Delors, pour réfléchir à cette question simple mais essentielle : " quelle Europe en 2020-2030 et pour quelles missions ? ".
Les sages devraient remettre leurs conclusions et leurs propositions avant les élections européennes de juin 2009, pour permettre au Parlement nouvellement élu et à la prochaine Commission de disposer du fruit de leurs travaux, en complément du traité simplifié et du travail de rénovation des politiques de l'Union et de son cadre financier.
Si cette réflexion essentielle sur l'avenir de notre Union est lancée par les 27, la France ne s'opposera pas à ce que de nouveaux chapitres de la négociation entre l'Union et la Turquie soient ouverts dans les mois et les années qui viennent, à condition que ces chapitres soient compatibles avec les deux visions possibles de l'avenir de leurs relations : soit l'adhésion, soit une association aussi étroite que possible sans aller jusqu'à l'adhésion.
Chacun sait que cette seconde formule est celle que j'ai prônée pendant toute ma campagne électorale. Je n'ai pas changé d'avis et je pense qu'elle sera un jour reconnue par tous comme la plus raisonnable. En attendant, comme le Premier Ministre Erdogan, je souhaite que la Turquie et la France renouent les liens privilégiés qu'elles ont tissés au fil d'une longue histoire partagée.
La présidence française de l'Union, dans dix mois seulement, doit dès à présent mobiliser toutes nos énergies. Pour la réussir, nous devrons jouer collectif, nous mettre à l'écoute de nos partenaires, tous nos partenaires. Chacune des capitales de l'Union recevra, avant le 1er juillet, ma visite ou celle du Premier Ministre.
Nous aurons, bien sûr, des priorités à leur proposer pour faire progresser l'Europe dans les domaines clés de l'immigration, de l'énergie et de l'environnement. Trois domaines où les attentes des Européens sont fortes et sur lesquels j'aurai l'occasion de revenir.
Je souhaite aujourd'hui mettre l'accent sur le dossier de l'Europe de la Défense. Bientôt dix ans après l'accord de Saint-Malo, le moment est venu de lui donner un nouvel élan.
Ce qui a été accompli ces dernières années est loin d'être négligeable puisque l'Union a conduit une quinzaine d'opérations sur notre continent, en Afrique, au Proche-Orient, en Asie. Ces interventions démontrent, s'il en était besoin, qu'il n'y a pas compétition, mais bien complémentarité, entre l'OTAN et l'Union. Face à la multiplication des crises, il n'y a pas trop plein, mais bien déficit de capacités en Europe.
Je souhaite que les Européens assument pleinement leur responsabilité et leur rôle au service de leur sécurité et de celle du monde. Pour cela, nous avons besoin en priorité de renforcer nos capacités de planification et de conduite des opérations; de développer l'Europe de l'armement avec de nouveaux programmes et de rationnaliser ceux qui existent; d'assurer l'interopérabilité de nos forces; et que chacun en Europe prenne sa part de la sécurité commune.
Mais au delà des instruments, nous avons aussi besoin d'une vision commune des menaces qui pèsent sur nous et des moyens d'y répondre : il nous faut élaborer ensemble une nouvelle "stratégie européenne de sécurité", prolongeant celle adoptée en 2003 sous l'égide de Javier Solana. Nous pourrions approuver ce nouveau texte sous présidence française en 2008.
Notre Livre blanc sur la défense et la sécurité nationale, dont j'ai demandé l'élaboration dans les prochains mois, sera la contribution de la France à ce travail nécessaire. Dans cette démarche européenne, la France et l'Allemagne ont mis en place les fondations : la brigade franco-allemande, puis le Corps européen.
A Saint-Malo, la France et le Royaume-Uni ont poursuivi cette construction, comme il est naturel puisqu'ensemble, nos deux budgets de défense représentent les deux tiers du total de ceux des 25 autres pays de l'Union, et nos budgets de recherche de défense, le double. Mais l'Italie, l'Espagne, la Pologne, les Pays-Bas, et tous nos autres partenaires ont vocation à participer à cet effort commun qui nous permettra de valoriser au mieux nos atouts.
Ll'Union dispose de toute la palette des instruments d'intervention dans les crises : militaires, humanitaires, financiers. Elle doit s'affirmer progressivement comme un acteur de premier rang de la paix et de la sécurité dans le monde, en coopération avec les Nations-Unies, l'Alliance atlantique, l'Union africaine. Elle devrait aussi avoir la volonté de lancer une véritable politique de coopération et d'assistance en matière de sécurité avec les pays tiers, notamment en Afrique.
Ces progrès de l'Europe de la défense ne s'inscrivent en aucun cas dans une compétition avec l'Otan. Cette Alliance atlantique, faut-il le rappeler, elle est la nôtre : nous l'avons fondée, nous en sommes aujourd'hui un des principaux contributeurs. Sur 26 membres, 21 sont aussi membres de l'Union. Opposer l'Union à l'Otan n'a pas de sens : nous avons besoin des deux.
Mieux : je suis convaincu qu'il est dans l'intérêt bien compris des Etats-Unis que l'Union européenne rassemble ses forces, rationalise ses capacités, bref organise sa défense. Nous devons progresser avec pragmatisme, avec ambition, sans a priori idéologique, avec pour principal souci la sécurité du monde occidental.
Parce que les deux mouvements sont complémentaires, je souhaite que dans les prochains mois nous avancions de front vers le renforcement de l'Europe de la défense et vers la rénovation de l'Otan et de sa relation avec la France. C'est du reste ce qui se passe déjà sur le terrain : en Afghanistan, sous mandat de l'ONU, la force de l'OTAN était naguère dirigée par le Corps européen de l'Union, sous les ordres d'un général français.
Le Kosovo offre une autre illustration de cette complémentarité puisque l'Union et l'OTAN, sous mandat de l'ONU, y coopèrent étroitement. Cette coopération revêtira une importance cruciale au cours des prochains mois. A l'initiative de la France, le Groupe de Contact poursuit ses efforts pour renouer le dialogue entre Serbes et Kosovars.
Nous soutenons le principe d'une indépendance supervisée par la communauté internationale, garante des droits des minorités et accompagnée par l'Union européenne. La France soutiendra toute solution acceptée par les deux parties. Je souhaite aujourd'hui lancer un triple appel : aux Serbes et aux Kosovars pour qu'ils fassent preuve de réalisme et se prêtent de bonne foi à cet effort ultime pour parvenir à une solution mutuellement acceptée ; aux Russes et aux Américains, pour qu'ils comprennent que ce dossier très difficile est d'abord un dossier européen ; et aux Européens, qui doivent afficher leur unité puisque ce sont les pays de l'Union qui devront assumer l'essentiel des responsabilités et des coûts et que c'est dans l'Union que se situe l'avenir à long terme de l'espace balkanique.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, Bientôt dotée d'institutions efficaces, d'un président stable du Conseil européen, d'un Haut Représentant en charge de la politique étrangère qui remplacera les trois responsables actuels, et d'un véritable service diplomatique européen, l'Union sera en mesure de mieux affirmer sur la scène mondiale la vision et les valeurs que nous partageons.
Pour la France, cette émergence de l'Europe en tant qu'acteur politique global correspond à une nécessité, face aux trois défis du XXIème siècle que j'évoquais tout à l'heure : quelles réponses sommes-nous, ensemble, capables de leur apporter ? La menace d'une confrontation, entre l'Islam et l'Occident, d'abord. Nous aurions tort d'en sous-estimer la possibilité : l'affaire des caricatures en a été un signe avant-coureur.
Nos pays, tous nos pays y compris ceux du monde musulman, sont aujourd'hui sous la menace d'attentats criminels comme ceux qui ont frappé New York, Bali, Madrid, Bombay, Istanbul, Londres ou Casablanca. Pensons à ce qui se passerait demain si les terroristes utilisaient des moyens nucléaires, biologiques ou chimiques. Le premier devoir de nos Etats est d'organiser une coopération totale entre services de sécurité de tous les pays concernés.
Notre devoir, celui de l'Alliance atlantique, est aussi d'accentuer nos efforts en Afghanistan. J'ai décidé de renforcer la présence de nos formateurs au sein de l'armée afghane car c'est elle qui doit, au premier chef, livrer et gagner le combat contre les Talibans.
J'ai décidé d'accentuer notre action d'aide à la reconstruction, car il n'y aura pas de succès durable si le peuple afghan ne recueille pas les fruits tangibles d'un retour de la sécurité et de la paix. Il n'y aura pas non plus de succès dans la lutte contre la drogue. Le moment est sans doute venu de nommer, sous l'autorité du Président Karzaï, une personnalité de premier plan capable d'assurer une meilleure coordination entre actions militaires et initiatives civiles.
Mais nos actions en Afghanistan seraient vaines si, de l'autre côté de la frontière, le Pakistan demeurait le refuge des Talibans et d'Al Qaeda, avant d'en devenir, peut-être, la victime. Je suis convaincu qu'une politique plus déterminée de la part de toutes les autorités pakistanaises est possible et qu'elle est dans leur intérêt à long terme. Nous sommes prêts à les y aider.
Prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, c'est aussi encourager, aider, dans chaque pays musulman les forces de modération et de modernité à faire prévaloir un Islam ouvert et tolérant, acceptant la diversité comme un enrichissement. Dans ce domaine, il n'est pas de recette miracle, unique.
Mais l'évolution de pays comme le Maroc, l'Algérie, la Tunisie, la Jordanie, l'Indonésie témoigne, malgré des différences importantes, de l'existence d'un mouvement des sociétés, encouragé par les gouvernements. Je souhaite que notre coopération renforce les programmes tournés vers l'ouverture et le dialogue des sociétés, en lien, pourquoi pas, avec les représentants de l'Islam de France.
Prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, c'est encore aider, comme la France le propose, les pays musulmans à accéder à l'énergie du futur : l'électricité nucléaire, dans le respect des traités et en pleine coopération avec les pays qui maîtrisent déjà cette technologie.
Prévenir une confrontation entre l'Islam et l'Occident, c'est enfin traiter les crises du Moyen-Orient. Il y a cinq ans seulement, la région ne connaissait qu'une crise. Aujourd'hui, elle en subit quatre, très différentes mais chaque jour davantage liées entre elles.
Tout a été dit, beaucoup a été tenté à propos du conflit israélo-palestinien. Le paradoxe de la situation est que nous savons quelle sera sa solution, deux Etats -ou peut-être devrait-on mieux dire : deux Etats-Nations- vivant côte à côte dans la paix et la sécurité à l'intérieur de frontières sûres et reconnues. Nous connaissons le contenu détaillé de cette solution à travers les paramètres Clinton et le legs de Taba.
Nous avions une idée du chemin à parcourir: la feuille de route, qu'il faut certainement revisiter. Nous connaissons enfin les parrains de la paix: les membres du Quartet, désormais représentés par une personnalité de premier plan: Tony Blair, et les pays arabes modérés.
Malgré tout cela, chacun a le sentiment désespérant que la paix ne progresse pas. Pire : qu'elle recule dans les esprits et les cœurs. J'ai la réputation d'être l'ami d'Israël et c'est vrai. Je ne transigerai jamais sur la sécurité d'Israël. Mais tous les dirigeants des pays arabes, à commencer par le président Mahmoud Abbas, qui sont venus nombreux à Paris depuis mon élection, connaissent mes sentiments d'amitié et de respect envers leurs peuples.
Que cette amitié m'autorise à dire aux dirigeants israéliens et palestiniens que la France est déterminée à prendre ou à soutenir toute initiative utile. Mais elle a une conviction: la paix se négociera d'abord entre Israéliens et Palestiniens. Dans l'immédiat, nos efforts, ceux du Quartet et des pays arabes modérés, doivent aller à la reconstruction de l'Autorité palestinienne, sous l'autorité de son Président.
Mais il est tout aussi indispensable de relancer sans délai une authentique dynamique de paix conduisant à la création d'un Etat palestinien. Que les parties et la communauté internationale se dérobent à nouveau à cette ambition, et la création d'un " Hamastan " dans la bande de Gaza risque d'apparaître rétrospectivement comme la première étape de la prise de contrôle de tous les territoires palestiniens par les islamistes radicaux. Nous ne pouvons pas nous résigner à cette perspective. La France ne s'y résigne pas.
Le Liban, depuis des siècles, est cher au cœur des Français. Cette amitié n'est pas dirigée vers un groupe ou un clan: la France est l'amie de tous les Libanais. Elle est passionnément attachée à la pleine liberté, à l'indépendance, à la souveraineté du Liban, telles qu'exigées dans les résolutions 1559 et 1701 du Conseil de Sécurité.
C'est cette amitié qui a encouragé Bernard Kouchner à convier à la Celle Saint-Cloud puis à rencontrer à Beyrouth tous les acteurs de la vie politique. Le dialogue qui y a repris doit se poursuivre pour aboutir à une sortie de crise par le haut: un Président élu dans les délais et selon la constitution, en qui tous les Libanais se reconnaîtront et capable de travailler avec tous ; à l'intérieur avec toutes les communautés, comme à l'extérieur avec tous les grands partenaires du Liban.
Tous les acteurs régionaux, dont la Syrie, doivent agir pour favoriser une telle solution. Si Damas s'engageait clairement dans cette voie, alors les conditions d'un dialogue franco-syrien seraient réunies.
La tragédie irakienne ne peut pas nous laisser indifférents. La France était et demeure hostile à cette guerre. Que l'histoire nous ait donné raison ne nous dispense pas d'en mesurer les conséquences : une nation qui se défait dans une guerre civile sans merci ; un affrontement entre chiites et sunnites qui peut embraser tout le Moyen-Orient; des groupes terroristes qui s'installent durablement, s'aguerrissent avant d'attaquer de nouvelles cibles à travers le monde entier ; une économie mondiale à la merci de la moindre étincelle sur les champs pétroliers.
Il n'y aura de solution que politique: elle implique la marginalisation des groupes extrémistes et un processus sincère de réconciliation nationale, au terme duquel chaque segment de la société irakienne, chaque Irakien, devra être assuré d'un accès équitable aux institutions et aux ressources de son pays ; elle implique aussi que soit défini un horizon clair concernant le retrait des troupes étrangères.
Car c'est la décision attendue sur ce sujet qui contraindra tous les acteurs à mesurer leurs responsabilités et à s'organiser en conséquence. C'est alors, et alors seulement, que la communauté internationale, à commencer par les pays de la région, pourra agir le plus utilement. La France, pour sa part, y sera disposée. C'est le message que Bernard Kouchner vient d'apporter à Bagdad, message de solidarité et de disponibilité.
Quatrième crise, au confluent des trois autres: l'Iran. La France maintient avec ses dirigeants un dialogue sans complaisance, qui s'est avéré utile en plusieurs occasions. Elle a pris l'initiative, avec l'Allemagne et le Royaume-Uni, d'une négociation où l'Europe joue un rôle central, rejointe par les Etats-Unis, la Russie et la Chine. Les paramètres en sont connus; je n'y reviens pas, sinon pour réaffirmer qu'un Iran doté de l'arme nucléaire est pour moi inacceptable, et souligner l'entière détermination de la France dans la démarche actuelle alliant sanctions croissantes mais aussi ouverture si l'Iran fait le choix de respecter ses obligations.
Cette démarche est la seule qui puisse nous permettre d'échapper à une alternative catastrophique: la bombe iranienne ou le bombardement de l'Iran. Cette quatrième crise est sans doute la plus grave qui pèse aujourd'hui sur l'ordre international.
Les solutions qui émergent lentement de l'autre processus de négociation "à six", et qui ont conduit la Corée du Nord à accepter, sous le contrôle de l'AIEA, la renonciation au nucléaire militaire et la fermeture du réacteur de Yongbyon, montrent, après le renoncement de la Libye aux armes de destruction massive, qu'il existe un chemin pour peu qu'il y ait une volonté.
Le peuple iranien, qui est un grand peuple et mérite le respect, n'aspire ni à l'isolement, ni à la confrontation. La France n'épargnera aucun effort pour convaincre l'Iran qu'il aurait beaucoup à gagner en s'engageant dans une négociation sérieuse avec les Européens, les Américains, les Chinois et les Russes.
Dans un espace précis, mais combien emblématique, j'ai souhaité apporter ma réponse au risque de confrontation entre l'Islam et l'Occident: je veux parler du projet d'Union de la Méditerranée.
De même que l'histoire de l'Europe est faite de siècles d'affrontements et de guerres, de même l'histoire des peuples de la Méditerranée est faite de conquêtes et d'invasions. Comme en Europe, des liens très forts se sont tissés, nos cultures se sont mutuellement enrichies. C'est le cas notamment entre la France et les pays du Maghreb. Le moment est venu de franchir un pas supplémentaire, qui peut être décisif, et de démontrer par nos actes plutôt que par nos discours, la force de cette amitié.
Il ne s'agit pas d'ignorer ce qui a déjà été accompli: le processus de Barcelone, le 5 + 5 ou le Forum Méditerranéen. Il s'agit au contraire d'aller au-delà, entre pays riverains de notre mer commune, en partant de la démarche qui fut celle de Jean Monnet à propos de l'Europe: celle des solidarités concrètes. Bâtissons autour de quatre piliers : l'environnement et le développement durable; le dialogue des cultures; la croissance économique et le développement social; l'espace de sécurité méditerranéen.
Imaginons ensemble, dans chacun de ces domaines, quelques projets ambitieux mais réalistes, mobilisant des Etats, les entreprises, les associations, tous ceux qui souhaiteront participer à ce grand projet. Montrons ainsi à nos peuples que nous pouvons ensemble bâtir pour nos enfants un avenir partagé de prospérité et de sécurité ! Naturellement, l'Union européenne, à travers ses institutions, en particulier la Commission, devrait être acteur de plein droit de l'Union méditerranéenne.
Un dialogue informel a déjà été engagé avec les pays riverains, y compris la Libye que je souhaite, maintenant que le dossier de l'équipe médicale est réglé, encourager à rejoindre le concert des nations. Il faut maintenant préparer une première réunion de Chefs d'Etat et de gouvernement qui devrait se tenir au premier semestre 2008.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, les deux derniers défis auxquels notre monde est aujourd'hui confronté ne peuvent être traités séparément : de notre capacité à bâtir avec les géants émergents un ordre mondial efficace et juste dépendra directement notre capacité à répondre aux menaces du XXIème siècle que sont, notamment, le réchauffement climatique, les nouvelles pandémies et les menaces sur la pérennité de notre approvisionnement énergétique.
Jusqu'à présent, reconnaissons-le, la réponse de la communauté internationale aux bouleversements engagés voici 17 ans n'a pas été à la hauteur des enjeux.
Depuis 1990, l'affrontement bipolaire a disparu ; les notions mêmes de Tiers Monde et de Non-alignement n'ont plus de sens. La libéralisation économique, commerciale, financière, la révolution des technologies de l'information et de la communication et son extension fulgurante au monde entier, les progrès des transports ont créé une planète où règne l'interdépendance, mutualisant les opportunités, les risques et les crises.
Dans le même temps, et en réaction à ce qui a été bien souvent vécu comme une occidentalisation du monde, sont apparus des réactions de refus, des réflexes identitaires, des tentations nationales ou religieuses de retours, par la violence, vers la pureté de mythiques âges d'or. Ces réactions à la globalisation pourraient conduire à un monde déstructuré et déstabilisé.
Ces évolutions s'accompagnent d'une seconde réalité, qui n'est pas moins préoccupante : le monde est devenu multipolaire mais cette multipolarité, qui pourrait annoncer un nouveau concert des grandes puissances, dérive plutôt vers le choc de politiques de puissance. Les Etats-Unis n'ont pas su résister à la tentation du recours unilatéral à la force et ne démontrent malheureusement pas, dans la protection de l'environnement, cette capacité de "leadership" qu'ils revendiquent ailleurs.
La Russie impose son retour sur la scène mondiale en jouant avec une certaine brutalité de ses atouts, notamment pétroliers et gaziers, alors que le monde, l'Europe en particulier, espèrent d'elle une contribution importante et positive au règlement des problèmes de notre temps que son statut retrouvé justifie.
La Chine, engagée dans la plus impressionnante renaissance de l'histoire de l'humanité, transforme sa quête insatiable de matières premières en stratégie de contrôle, notamment en Afrique. La monnaie elle-même, loin des lois du marché, devient un instrument au service de politiques de puissance. Les règles progressivement négociées et adoptées par les Etats sont trop souvent bafouées, qu'il s'agisse des normes sociales, de la propriété intellectuelle ou de l'environnement.
Face aux excès d'une mondialisation mal maîtrisée, face aux risques d'un monde multipolaire antagoniste, je suis convaincu que l'Union européenne peut apporter une contribution importante à l'émergence d'un multilatéralisme efficace fondé sur le respect par tous de règles communes et la réciprocité.
Depuis 1990, l'Europe rassemblée a retrouvé, après cinq décennies de division et de dépendance, la responsabilité pleine et entière de son destin et la capacité de peser, à nouveau, de façon décisive sur les affaires du monde. Elle seule a accumulé, à travers le long processus de sa construction communautaire, l'expérience pratique d'une souveraineté partagée qui correspond bien aux exigences de notre temps.
En ce début de XXIème siècle, le monde n'a pas besoin d'une table rase. Les institutions nécessaires existent. Les réformes engagées en 2005 dans le système des Nations-Unies vont dans le bon sens. Ce qui a manqué jusqu'à présent est la volonté politique de les mener à terme, notamment l'élargissement nécessaire du Conseil de Sécurité, dans les deux catégories de membres, avec comme nouveaux membres permanents l'Allemagne, le Japon, l'Inde, le Brésil et une juste représentation de l'Afrique
Le Fonds Monétaire International, lui aussi, doit conduire d'indispensables réformes pour mieux refléter et agir sur les réalités d'aujourd'hui: c'est précisément ce que propose Dominique Strauss-Kahn, candidat de l'Union européenne au poste de directeur général.
Enfin, le G8 doit poursuivre sa lente transformation. Le dialogue conduit, lors des récents sommets, avec les plus hauts dirigeants de la Chine, de l'Inde, du Brésil, du Mexique et de l'Afrique du Sud, devrait être institutionnalisé et durer une journée pleine. Peu à peu, le G8 doit devenir le G13. Autant que la concertation économique, la nécessité d'une coopération étroite entre les pays les plus industrialisés et les grands pays émergents pour lutter contre le changement climatique justifie cette évolution.
La protection de notre planète rend en effet indispensable la reconnaissance de responsabilités communes, mais différenciées, par les principales puissances de ce monde nouveau. La France sera au cœur de ce grand débat, qui revêtira un caractère structurant pour les relations internationales.
Ce nouveau concert des grandes puissances, du Conseil de Sécurité élargi au G8 transformé, ne saurait laisser de côté la défense et la promotion des droits de l'Homme et de la démocratie. Bien au contraire : la globalisation a contribué, et je m'en félicite, à l'émergence d'une opinion mondiale de mieux en mieux informée, de plus en plus réactive.
A travers les médias et les mouvements associatifs, elle s'affirme comme un acteur à part entière de la vie internationale. Dans ce combat pour la promotion des valeurs fondatrices de notre République, un combat plus soucieux de résultats tangibles que d'effets déclaratoires, je compte maintenir un dialogue régulier avec nos principales ONG. Une première séance s'est tenue à l'Elysée en juin ; d'autres suivront, notamment sur la problématique du développement de l'Afrique.
A l'écoute de nos associations, je souhaite aussi être à l'écoute des peuples africains : qu'attendent-ils aujourd'hui de la France? Je vous demande, Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, d'aller à la rencontre des forces vives du continent et notamment de sa jeunesse. Je lui ai présenté, de Dakar, avec amitié et franchise, mon analyse. Je souhaite prendre connaissance, dans le même esprit d'amitié et de franchise, des attentes de la jeunesse d'Afrique à l'égard de notre pays avant mon prochain voyage sur le continent.
L'Afrique restera une priorité essentielle de notre politique étrangère et un axe central de la politique de coopération de l'Union européenne. Elle n'est pas l'homme malade du monde d'aujourd'hui. Elle n'a pas besoin de notre charité. Depuis plusieurs années, elle connaît une croissance moyenne de 5% et pourrait faire mieux encore si les producteurs locaux de certains produits de base tels que le coton étaient rétribués au juste prix.
L'Afrique a tout pour réussir dans la mondialisation et la France veut l'y aider.
Il s'agit d'accélérer son développement. Malgré ses progrès, l'Afrique reste encore à l'écart de la prospérité mondiale. Elle ne peut tirer le meilleur parti de ses immenses richesses naturelles, trop souvent menacées de pillage, et souffre plus que d'autres des conséquences des changements climatiques. A mi-chemin du calendrier des objectifs du millénaire, il convient donc de poursuivre notre effort d'aide.
Ce n'est pas seulement affaire de montants financiers, même s'il ne fait pas de doute que notre engagement doive être maintenu en dépit des difficultés qui pèseront sur le budget de 2008. Il faut aussi viser à de meilleurs résultats. Plus d'aide doit signifier plus d'efficacité, et donc une gestion en progrès constant.
Mais il ne peut y avoir de développement ni de prospérité sans sécurité. A cet égard aussi, l'Afrique progresse. Des nombreuses crises qui handicapaient le continent, beaucoup sont en voie de résorption, dans la région des Grands Lacs comme en Afrique de l'Ouest.
La plus tragique reste aujourd'hui celle du Darfour. La souffrance des populations nous oblige. C'est pourquoi j'ai souhaité que la France s'implique pleinement. Il est réconfortant qu'à la suite de la réunion du groupe de contact élargi, à Paris le 25 juin, la communauté internationale ait démontré sa volonté d'agir.
L'adoption de la résolution créant l'opération hybride des Nations Unies et de l'Union Africaine, est un premier succès. La force doit maintenant se déployer au plus vite. La rencontre d'Arusha entre les factions rebelles, au début de ce mois, ouvre les perspectives d'une solution politique qui, seule, permettra un règlement durable de la crise.
Pour mobiliser davantage encore la communauté internationale face aux défis de la paix et de la sécurité en Afrique, j'ai pris l'initiative d'une réunion du Conseil de Sécurité qui se tiendra le 25 septembre à New York, au niveau des Chefs d'Etat ou de gouvernement et que je présiderai.
Mesdames et Messieurs les Ambassadeurs, vous l'aurez compris: je me fais une très haute idée de la France et de son rôle dans le monde d'aujourd'hui ; j'ai de grandes ambitions pour l'Union européenne, sa place naturelle au cœur d'un système multilatéral efficace et juste.
Pour mettre en œuvre cette politique étrangère ambitieuse, la France a la chance d'avoir à la tête du Ministère des Affaires étrangères et européennes quatre personnalités remarquables: Bernard Kouchner, et à ses côtés Jean-Pierre Jouyet, Jean-Marie Bockel et Rama Yade. Elle a la chance de disposer d'un corps diplomatique de très grande qualité.
En vous recevant aujourd'hui pour la première fois, je veux vous dire combien le travail que vous accomplissez, avec compétence et talent, parfois au péril de votre vie comme à Beyrouth ou à Bagdad, fait honneur à notre République.
Encore faut-il que votre ministère ait les moyens de sa mission et voie reconnu son rôle interministériel au cœur de notre stratégie nationale pour le succès de la France dans la mondialisation. Le moment est donc venu d'engager une nouvelle étape de sa modernisation.
C'est le sens de la lettre qu'avec le Premier Ministre, j'ai adressée ce matin même au Ministre des Affaires étrangères et européennes. Il pourra notamment s'appuyer, pour conduire sa réflexion et préparer son " Livre Blanc ", sur le rapport que me remettra dans quelques jours Hubert Védrine, ainsi que sur une large concertation. Je sais pouvoir compter sur Bernard Kouchner, et sur vous tous, pour conduire ces réformes et mettre en œuvre notre politique étrangère avec détermination et imagination. Merci de porter haut et loin le message de la France !
segunda-feira, agosto 20, 2007
239) Agosto de 1934: Hitler conquista poderes ditatoriais
Para o registro histórico:
Da primeira pagina do New York Times de 20 de algosto de 1934.
Interessante este trecho:
"Dictatorship Now Complete
The endorsement gives Chancellor Hitler, who four years ago was not even a German citizen, dictatorial powers unequaled in any other country, and probably unequaled in history since the days of Genghis Khan. He has more power than Joseph Stalin in Russia, who has a party machine to reckon with; more power than Premier Mussolini of Italy who shares his prerogative with the titular ruler; more than any American President ever dreamed of."
Hoje temos outros candidatos a Gengis Khan, nao muito longe de nós...
-------------
Paulo Roberto de Almeida
Hitler Endorsed by 9 to 1 in Poll on his Dictatorship, but Opposition Is Doubled
Absolute Power Is Won 38,279,514 Vote Yes, 4,287,808 No on Uniting Offices 871,056 Ballots Spoiled Negative Count Is Larger in Districts of Business Men and Intellectuals Hamburg Has 20% Noes Reich Bishop at Victory Fete Says Hitler's Anti-Semitism Is Fight for Christianity
By FREDERICK T. BIRCHALL
Special Cable to THE NEW YORK TIMES, August 19, 1934
Berlin, Monday, Aug. 20 -- Eighty-nine and nine-tenths per cent of the German voters endorsed in yesterday's plebiscite Chancellor Hitler's assumption of greater power than has ever been possessed by any other ruler in modern times. Nearly 10 per cent indicated their disapproval. The result was expected.
The German people were asked to vote whether they approved the consolidation of the offices of President and Chancellor in a single Leader-Chancellor personified by Adolf Hitler. By every appeal known to skillful politicians and with every argument to the contrary suppressed, they were asked to make their approval unanimous.
Nevertheless 10 per cent of the voters have admittedly braved possible consequences by answering "No" and nearly [text unreadable] made their answers, ineffective by spoiling the simplest of ballots. There was a plain short question and two circles, one labeled "Yes" and the other "No," in one of which the voter had to make a cross. Yet there were nearly 1,000,000 spoiled ballots.
38,279,514 Vote "Yes."
The results given out by the Propaganda Ministry early this morning show that out of a total vote of 43,438,378, cast by a possible voting population of more than 45,000,000, there were 38,279,514 who answered "Yes," 4,287,808 who answered "No" and there were 871,056 defective ballots. Thus there is an affirmative vote of almost 90 per cent of the valid votes and a negative vote of nearly 10 per cent exclusive of the spoiled ballots which may or may not have been deliberately rendered defective.
How Chancellor Hitler's vote declined is shown by a comparison with the result of the Nov. 12 plebiscite on leaving the Disarmament Conference and the League of Nations. The tabulation follows:
Yesterday Nov. 12
Yes 38,279,514 40,600,243
No 4,287,808 2,101,004
Invalid 371,058 750,282
Per cent of noes 9.8 4.8
These results therefore show that the number of Germans discontented with Chancellor Hitler's course is increasing but is not yet seriously damaging to it. He is the Fuehrer [leader] of the Reich with absolute power by the vote of almost 90 per cent of the Germans in it but the number of dissentients has doubled since the last test.
It is not yet a matter for international concern but there are other considerations which may be.
Dictatorship Now Complete
The endorsement gives Chancellor Hitler, who four years ago was not even a German citizen, dictatorial powers unequaled in any other country, and probably unequaled in history since the days of Genghis Khan. He has more power than Joseph Stalin in Russia, who has a party machine to reckon with; more power than Premier Mussolini of Italy who shares his prerogative with the titular ruler; more than any American President ever dreamed of.
No other ruler has so widespread power nor so obedient and compliant subordinates. The question that interests the outside world now is what Chancellor Hitler will do with such unprecedented authority.
Nazi opinion is not disposed to be altogether cheerful about the result. When one high official was asked by this correspondent to comment on it he said:
"Obviously we feel the effects of June 30."
He referred to the execution of Ernst Roehm and other Storm Troops chiefs.
That is also the opinion of many other Germans, especially among the more substantial classes. They interpret the result as the beginning of a protest against the rule of arbitrary will and as an effort to force Chancellor Hitler back to the rule of law.
In their view the vote may induce the Fuehrer to steer henceforth a more moderate course and take account of the sensibilities of general opinion. Some of the more optimistic even hope it may induce him to get rid of some of his radical advisers to whom the opposition within Germany is great.
This view, however, is not shared generally and the dissent is borne out by the remark of a Nazi official who said bitterly, "We have become too soft."
Ex-Marxists Support Hitler
A feature of the election was that former Marxists cast a far heavier vote for Chancellor Hitler than the so-called bourgeoisie. In Berlin especially, judging by their vote, former Communists still are Leader Hitler's most loyal followers. In one voting district in Wedding, where a few years ago Communists fought from behind barricades against the police, the "yes" votes amounted to 949; the "no" votes and invalid ballots totaled 237.
In one district west of Berlin, inhabited mainly by business men and intellectuals, the "yes" vote only 840 and the "no" votes and invalid ballots totaled 351. Other tests provided similar results.
In the Communist districts protest votes with Communist inscriptions were rare. In Western Berlin they were more frequent. In one district five ballots had the name "Thaelmann" written in. [Ernst Thaelmann is an imprisoned Communist leader.] One ballot contained this inscription, "Since nothing has happened to me so far I vote 'Yes.'" It was signed "Non-Aryan."
Interesting also are the following results: the hospital of the Jewish community in one district cast 168 "Yes" votes, 92 "Noes," and 46 ballots were invalid. The Jewish Home for Aged People in another district cast 94 "Yes" votes, four "Noes" and three invalid ballots. This vote is explainable, of course, by the fear of reprisals if the results from these Jewish institutions had been otherwise. It is paralleled by other results outside Berlin.
In all Bavaria Chancellor Hitler received the largest vote in his favor in the concentration camp at Dachau where 1,554 persons voted "Yes" and only eight "No" and there were only ten spoiled ballots.
Hamburg Leads Opposition
Hamburg, which only two days ago gave Herr Hitler the most enthusiastic reception he had ever received anywhere, led the country in the opposition vote. The official figures were: Total vote cast, 840,000; "Yes," 651,000; "No," 168,000; invalidated ballots, 21,000.
The "No" vote, in other words was 20 per cent of the total vote. Counting the invalid ballots as negative in intent, the total opposition votes exceeded 22 per cent. The percentage of the electorate voting was 92.4.
Hamburg is the home city of Ernst Thaelmann and on his triumphant entry into the city on Friday, Herr Hitler made it a point to drive past herr Thaelmann's former home.
As far as observers could ascertain, the election everywhere was conducted with perfect propriety, and secrecy of the ballot was safe-guarded. The ballots were marked in regular election booths and placed in envelopes and these were put in the ballot boxes. After the voting had ended the ballot box was emptied on a large table and the vote was counted publicly in the regular manner. Appraising of individual votes seemed impossible.
One check on possible non-voters, however, was exercised by instructions that the voting authorizations issued to those who for one reason or another planned to be outside their regular voting district on election day must be returned unless used. The number of such authorizations issued for this election exceeded anything known before.
Throughout the day Storm Troopers stood before each polling place with banners calling on the voters to vote "Yes." Otherwise voters remained unmolested. Inside the polling places uniforms and even party emblems had been forbidden, but the execution of this order was lax. In some apparently doubtful districts brown uniforms dominated the scene as a warning to would-be opponents.
Nazis Try for Record Vote
All past efforts in getting out the German vote were eclipsed in this election. During Saturday night a huge final poster was plastered on billboards everywhere. It said:
Your leader [Hitler] has traveled 1,500,000 kilometers by airplane, railway and motor car in the cause of Germany's rebirth. You have but to walk 100 meters to your voting booth to vote "yes."
All over Germany means were taken to get the Sunday late-sleeping population out of bed early. The polls opened at 8 o'clock, but in Berlin Storm Troops, Hitler Youth Troops and Nazi labor union groups took to the streets as early as 6 o'clock to wake the populace by shouting at them to do their duty
Da primeira pagina do New York Times de 20 de algosto de 1934.
Interessante este trecho:
"Dictatorship Now Complete
The endorsement gives Chancellor Hitler, who four years ago was not even a German citizen, dictatorial powers unequaled in any other country, and probably unequaled in history since the days of Genghis Khan. He has more power than Joseph Stalin in Russia, who has a party machine to reckon with; more power than Premier Mussolini of Italy who shares his prerogative with the titular ruler; more than any American President ever dreamed of."
Hoje temos outros candidatos a Gengis Khan, nao muito longe de nós...
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Paulo Roberto de Almeida
Hitler Endorsed by 9 to 1 in Poll on his Dictatorship, but Opposition Is Doubled
Absolute Power Is Won 38,279,514 Vote Yes, 4,287,808 No on Uniting Offices 871,056 Ballots Spoiled Negative Count Is Larger in Districts of Business Men and Intellectuals Hamburg Has 20% Noes Reich Bishop at Victory Fete Says Hitler's Anti-Semitism Is Fight for Christianity
By FREDERICK T. BIRCHALL
Special Cable to THE NEW YORK TIMES, August 19, 1934
Berlin, Monday, Aug. 20 -- Eighty-nine and nine-tenths per cent of the German voters endorsed in yesterday's plebiscite Chancellor Hitler's assumption of greater power than has ever been possessed by any other ruler in modern times. Nearly 10 per cent indicated their disapproval. The result was expected.
The German people were asked to vote whether they approved the consolidation of the offices of President and Chancellor in a single Leader-Chancellor personified by Adolf Hitler. By every appeal known to skillful politicians and with every argument to the contrary suppressed, they were asked to make their approval unanimous.
Nevertheless 10 per cent of the voters have admittedly braved possible consequences by answering "No" and nearly [text unreadable] made their answers, ineffective by spoiling the simplest of ballots. There was a plain short question and two circles, one labeled "Yes" and the other "No," in one of which the voter had to make a cross. Yet there were nearly 1,000,000 spoiled ballots.
38,279,514 Vote "Yes."
The results given out by the Propaganda Ministry early this morning show that out of a total vote of 43,438,378, cast by a possible voting population of more than 45,000,000, there were 38,279,514 who answered "Yes," 4,287,808 who answered "No" and there were 871,056 defective ballots. Thus there is an affirmative vote of almost 90 per cent of the valid votes and a negative vote of nearly 10 per cent exclusive of the spoiled ballots which may or may not have been deliberately rendered defective.
How Chancellor Hitler's vote declined is shown by a comparison with the result of the Nov. 12 plebiscite on leaving the Disarmament Conference and the League of Nations. The tabulation follows:
Yesterday Nov. 12
Yes 38,279,514 40,600,243
No 4,287,808 2,101,004
Invalid 371,058 750,282
Per cent of noes 9.8 4.8
These results therefore show that the number of Germans discontented with Chancellor Hitler's course is increasing but is not yet seriously damaging to it. He is the Fuehrer [leader] of the Reich with absolute power by the vote of almost 90 per cent of the Germans in it but the number of dissentients has doubled since the last test.
It is not yet a matter for international concern but there are other considerations which may be.
Dictatorship Now Complete
The endorsement gives Chancellor Hitler, who four years ago was not even a German citizen, dictatorial powers unequaled in any other country, and probably unequaled in history since the days of Genghis Khan. He has more power than Joseph Stalin in Russia, who has a party machine to reckon with; more power than Premier Mussolini of Italy who shares his prerogative with the titular ruler; more than any American President ever dreamed of.
No other ruler has so widespread power nor so obedient and compliant subordinates. The question that interests the outside world now is what Chancellor Hitler will do with such unprecedented authority.
Nazi opinion is not disposed to be altogether cheerful about the result. When one high official was asked by this correspondent to comment on it he said:
"Obviously we feel the effects of June 30."
He referred to the execution of Ernst Roehm and other Storm Troops chiefs.
That is also the opinion of many other Germans, especially among the more substantial classes. They interpret the result as the beginning of a protest against the rule of arbitrary will and as an effort to force Chancellor Hitler back to the rule of law.
In their view the vote may induce the Fuehrer to steer henceforth a more moderate course and take account of the sensibilities of general opinion. Some of the more optimistic even hope it may induce him to get rid of some of his radical advisers to whom the opposition within Germany is great.
This view, however, is not shared generally and the dissent is borne out by the remark of a Nazi official who said bitterly, "We have become too soft."
Ex-Marxists Support Hitler
A feature of the election was that former Marxists cast a far heavier vote for Chancellor Hitler than the so-called bourgeoisie. In Berlin especially, judging by their vote, former Communists still are Leader Hitler's most loyal followers. In one voting district in Wedding, where a few years ago Communists fought from behind barricades against the police, the "yes" votes amounted to 949; the "no" votes and invalid ballots totaled 237.
In one district west of Berlin, inhabited mainly by business men and intellectuals, the "yes" vote only 840 and the "no" votes and invalid ballots totaled 351. Other tests provided similar results.
In the Communist districts protest votes with Communist inscriptions were rare. In Western Berlin they were more frequent. In one district five ballots had the name "Thaelmann" written in. [Ernst Thaelmann is an imprisoned Communist leader.] One ballot contained this inscription, "Since nothing has happened to me so far I vote 'Yes.'" It was signed "Non-Aryan."
Interesting also are the following results: the hospital of the Jewish community in one district cast 168 "Yes" votes, 92 "Noes," and 46 ballots were invalid. The Jewish Home for Aged People in another district cast 94 "Yes" votes, four "Noes" and three invalid ballots. This vote is explainable, of course, by the fear of reprisals if the results from these Jewish institutions had been otherwise. It is paralleled by other results outside Berlin.
In all Bavaria Chancellor Hitler received the largest vote in his favor in the concentration camp at Dachau where 1,554 persons voted "Yes" and only eight "No" and there were only ten spoiled ballots.
Hamburg Leads Opposition
Hamburg, which only two days ago gave Herr Hitler the most enthusiastic reception he had ever received anywhere, led the country in the opposition vote. The official figures were: Total vote cast, 840,000; "Yes," 651,000; "No," 168,000; invalidated ballots, 21,000.
The "No" vote, in other words was 20 per cent of the total vote. Counting the invalid ballots as negative in intent, the total opposition votes exceeded 22 per cent. The percentage of the electorate voting was 92.4.
Hamburg is the home city of Ernst Thaelmann and on his triumphant entry into the city on Friday, Herr Hitler made it a point to drive past herr Thaelmann's former home.
As far as observers could ascertain, the election everywhere was conducted with perfect propriety, and secrecy of the ballot was safe-guarded. The ballots were marked in regular election booths and placed in envelopes and these were put in the ballot boxes. After the voting had ended the ballot box was emptied on a large table and the vote was counted publicly in the regular manner. Appraising of individual votes seemed impossible.
One check on possible non-voters, however, was exercised by instructions that the voting authorizations issued to those who for one reason or another planned to be outside their regular voting district on election day must be returned unless used. The number of such authorizations issued for this election exceeded anything known before.
Throughout the day Storm Troopers stood before each polling place with banners calling on the voters to vote "Yes." Otherwise voters remained unmolested. Inside the polling places uniforms and even party emblems had been forbidden, but the execution of this order was lax. In some apparently doubtful districts brown uniforms dominated the scene as a warning to would-be opponents.
Nazis Try for Record Vote
All past efforts in getting out the German vote were eclipsed in this election. During Saturday night a huge final poster was plastered on billboards everywhere. It said:
Your leader [Hitler] has traveled 1,500,000 kilometers by airplane, railway and motor car in the cause of Germany's rebirth. You have but to walk 100 meters to your voting booth to vote "yes."
All over Germany means were taken to get the Sunday late-sleeping population out of bed early. The polls opened at 8 o'clock, but in Berlin Storm Troops, Hitler Youth Troops and Nazi labor union groups took to the streets as early as 6 o'clock to wake the populace by shouting at them to do their duty
sábado, agosto 18, 2007
238) China e India: dois gigantes da economia mundial
The McKinsey Quarterly, 2004
China and India: The race to growth
The world’s two biggest developing countries are taking different paths to economic prosperity. Which is the better one?
Diana Farrell, Tarun Khanna, Jayant Sinha, and Jonathan R. Woetzel
2004 Special Edition: China today
First it was China. The rest of the world looked on in disbelief, then awe, as the Chinese economy began to take off in the 1980s at what seemed like lightning speed and the country positioned itself as a global economic power. GDP growth, driven largely by manufacturing, rose to 9 percent in 2003 after reaching 8 percent in 2002. China used its vast reservoirs of domestic savings to build an impressive infrastructure and sucked in huge amounts of foreign money to build factories and to acquire the expertise it needed. In 2003 it received $53 billion in foreign direct investment, or 8.2 percent1 of the world's total—more than any other country.
India began its economic transformation almost a decade after China did but has recently grabbed just as much attention, prompted largely by the number of jobs transferred to it from the West. At the same time, the country is rapidly creating world-class businesses in knowledge-based industries such as software, IT services, and pharmaceuticals. These companies, which emerged with little government assistance, have helped propel the economy: GDP growth stood at 8.3 percent in 2003, up from 4.3 percent in 2002. But India's level of foreign direct investment—$4.7 billion in 2003, up from $3 billion in 2002—is a fraction of China's.
Both countries still have serious problems: India has poor roads and insufficient water and electricity supplies, all of which could thwart its development; China has massive bad bank loans that will have to be accounted for. The contrasting ways in which China and India are developing, and the particular difficulties each still faces, prompt debate about whether one country has a better approach to economic development and will eventually emerge as the stronger. We recently asked three leading experts for their views on the subject; their essays may be accessed on the pages that follow or by clicking on the titles below.
—Jayant Sinha
India's entrepreneurial advantage
China has shackled its independent businesspeople. India has empowered them.
China: The best of all possible models
In an efficient market, the private sector is better than governments at allocating investment funds. But China isn't an efficient market, and India has relatively little investment funding.
Sector by sector
The strength of the Chinese and Indian economies will actually be decided at the industry level.
About the Authors
Jayant Sinha is a principal in McKinsey's Delhi office. Tarun Khanna is the Jorge Paulo Lemann professor at the Harvard Business School. Jonathan Woetzel is a director in McKinsey's Shanghai office. Diana Farrell is the director of the McKinsey Global Institute.
Notes
1 The United Nations Conference on Trade and Development (UNCTAD) database on foreign direct investment.
Continuação da leitura, neste link.
Terceira parte do estudo, neste link.
Quarta e última parte do estudo, neste link.
China and India: The race to growth
The world’s two biggest developing countries are taking different paths to economic prosperity. Which is the better one?
Diana Farrell, Tarun Khanna, Jayant Sinha, and Jonathan R. Woetzel
2004 Special Edition: China today
First it was China. The rest of the world looked on in disbelief, then awe, as the Chinese economy began to take off in the 1980s at what seemed like lightning speed and the country positioned itself as a global economic power. GDP growth, driven largely by manufacturing, rose to 9 percent in 2003 after reaching 8 percent in 2002. China used its vast reservoirs of domestic savings to build an impressive infrastructure and sucked in huge amounts of foreign money to build factories and to acquire the expertise it needed. In 2003 it received $53 billion in foreign direct investment, or 8.2 percent1 of the world's total—more than any other country.
India began its economic transformation almost a decade after China did but has recently grabbed just as much attention, prompted largely by the number of jobs transferred to it from the West. At the same time, the country is rapidly creating world-class businesses in knowledge-based industries such as software, IT services, and pharmaceuticals. These companies, which emerged with little government assistance, have helped propel the economy: GDP growth stood at 8.3 percent in 2003, up from 4.3 percent in 2002. But India's level of foreign direct investment—$4.7 billion in 2003, up from $3 billion in 2002—is a fraction of China's.
Both countries still have serious problems: India has poor roads and insufficient water and electricity supplies, all of which could thwart its development; China has massive bad bank loans that will have to be accounted for. The contrasting ways in which China and India are developing, and the particular difficulties each still faces, prompt debate about whether one country has a better approach to economic development and will eventually emerge as the stronger. We recently asked three leading experts for their views on the subject; their essays may be accessed on the pages that follow or by clicking on the titles below.
—Jayant Sinha
India's entrepreneurial advantage
China has shackled its independent businesspeople. India has empowered them.
China: The best of all possible models
In an efficient market, the private sector is better than governments at allocating investment funds. But China isn't an efficient market, and India has relatively little investment funding.
Sector by sector
The strength of the Chinese and Indian economies will actually be decided at the industry level.
About the Authors
Jayant Sinha is a principal in McKinsey's Delhi office. Tarun Khanna is the Jorge Paulo Lemann professor at the Harvard Business School. Jonathan Woetzel is a director in McKinsey's Shanghai office. Diana Farrell is the director of the McKinsey Global Institute.
Notes
1 The United Nations Conference on Trade and Development (UNCTAD) database on foreign direct investment.
Continuação da leitura, neste link.
Terceira parte do estudo, neste link.
Quarta e última parte do estudo, neste link.
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